Una historia de abandono y violencia filio-parental

En una conversación con Grupo El Diario, Nélida Ramírez contó el calvario que vive con su hija y sus yernos.

Abandono, violencia, amenazas, perimetrales que nunca se respetaron. Estos son los condimentos de la drámatica historia que nos contó en exlusivo Nélida Ramírez, una vecina de Ingeniero Maschwitz que ya realizó varias denuncias por haber sufrido diversas agreciones por parte de su hija y sus yernos.

“Mi hija, hace casi cuatro años se fue de su domicilio con su pareja de ese momento. El hombre se llevó a los chicos a la casa de su mamá, también en Ingeniero Maschwitz. Un día le pregunté a mi nieta ‘¿por qué tu papá no viene?’ y me contestó ‘no puede venir porque mamá le hizo una perimetral, si papá viene cae preso’. Supuestamente era porque ella (por su hija) iba a vivir ahí con sus hijos y desapareció. Quedó la casa sola con las cosas, como si alguien fuese a vivir ahí. El marido se llevó la ropa y lo necesario para los chicos”, comenzó Nélida.

“Cuando la ví de nuevo, porque volvió a mi casa, me dijo que nunca más iba a volver a Maschwitz. Se fue a vivir a la 202, cosa que me contaban y estaba lejos de mi cabeza. Me llamaba mucho la atención que pasaban 3 meses y ella a los chicos no les traía ni un caramelo, nada. Entonces, averiguando, descubrí que ella tenía otra pareja, ya estaba casada y embarazada, así que los otros hijos quedaron atrás. Se desligó de todo”.

Un día, Nélida recibió un llamado de su hija, quien le pidió que vaya a buscar a sus dos hijos porque su cuñada los agredía. Cuando se dirigió al lugar, su hija le contó la historia, no le gustó y se llevó a los chicos a su casa. A la semana siguiente la llamó nuevamente para decirle que no vaya más para allá porque se había mudado al otro lado de la Panamericana, a la casa de una amiga de la infancia de su pareja.

“Después, me enteré que volvió a Maschwitz, yo no estaba ni enterada. Volvió cerca del country San Lucas, a la casa de unos uruguayos. Mi nieta me dijo que estaba alquilando y que quería que vaya a ver a su mamá. Un día de lluvia me acerqué a ver que pasaba y ví que tenía todas las cosas en la calle, una bebé de una semana, la piba golpeada por el hijo de la señora que alquilaba. ¿Yo qué iba a hacer con los chicos llorando y todas las cosas en la calle? Cometí un error, me los llevé a mi casa”.

Nélida contó que ella tiene una quinta grande y que le había dicho a su pareja de sacarla para darles a los chicos ese lugar. Así, su hija y sus nietos se fueron a vivir ahí. Todo resultó bien la primer semana, pero a los pocos días comenzaron las agreciones.

“Le dije a mi hija que por qué no se hacía una casita para ella, yo tenía un lugar para darle. Vendí una palmera que molestaba en el terreno para que pueda hacerse el contrapiso para su casillita, pero ella se negó a sacarla, así que cuando llegó el material se puso a construir pegado a la palmera”.

Una tarde, Nélida acudió al llamado de su pareja, quien se encontraba cavando solo. Le dijo que iba a necesitar romper un poco para hacer el contrapiso de la casillita, pero eso no fue bien recibido por su hija y se desató la violencia. “Tengo un corte por haber recibido un palazo, a él le enterró el pico en la mano. Ahí fue que empezó todo el maltrato. Ahí fue que vino la policía porque ella gritaba y los vecinos contra el alambre. Bañados en sangre estabamos mi pareja y yo”, manifestó Nélida.

“Los sacaron tres veces de la casa porque son muy agresivos. Los sacaron a 300 metros por 90 días que nunca se respetaron. Después fue por 180 días que los sacaron, pero venían cuando querían. Nunca respetaron la perimetral”, comentó sobre las denuncias realizadas, y agregó: “El viernes 22 se hizo en Maschwitz una denuncia por agreciones. El martes pasado ingresaron y le pegaron a mi pareja”.

“Lo que le pido a la justicia es que por favor hagan algo. Ya vieron todos las fotos de lo que le hicieron a mi marido. Después de tantas amenazas ella sabe que no puede acercarse, pero su amiga de enfrente viene hasta mi portón con un montón de chicos y con un arma. Ella tiene un merendero y con los chicos desde el techo tiran piedras a mi casa”.