¿”Trabajar para vivir” o “vivir para trabajar”?

Nicolás Morán

Hay muchas personas en nuestra sociedad a las que el trabajo les absorbe poco a poco, hasta que llega un punto extremo en el que parece que se vive exclusivamente para trabajar en lugar de trabajar para vivir. En cierto modo a todos nos ha pasado alguna vez.

En realidad, ninguna de las dos reflexiones es correcta. En el caso de “trabajar para vivir”, se entiende que la razón fundamental de alguien para aceptar un trabajo es recibir un sueldo que le permita cubrir sus requerimientos económicos.

Por otro lado, “vivir para trabajar” tampoco es el camino, ya que la vida debe ser algo más que solamente trabajar. La adicción al trabajo es una realidad, un trastorno, un desequilibrio, algo de lo que muchos podemos sufrir sin darnos cuenta, creyendo que estamos actuando de un modo normal.

Parece que la vida social de la persona termina siendo anulada, prevalece el trabajo y todos los problemas que se encuentran en torno a él. A esto tenemos que añadir los problemas personales. Al final se trata de una vida cargada de trabajo, estrés, problemas y el papel social del individuo, el aspecto lúdico o sentimental parecen desaparecer. Sufrir adicción al trabajo trae serias consecuencias que se pagan cuanto más se avanza en esta línea laboral. La vida social desaparece, aparecen problemas musculares, digestivos y problemas psicológicos.

Lamentablemente, el trabajo ha constituido una especie de esclavitud que cada día se va profundizando, porque el consumismo hace que la persona nunca esté satisfecha y que tenga que trabajar más y más, en lo que sea, con la finalidad de tener mayores ingresos.

A mediados del siglo XIX, en su obra Manuscritos económico-filosóficos de 1844 (también llamados Cuadernos de París”, el sociólogo y filósofo (entre otros tantos títulos que se le atribuyen) Karl Marx ya hacía referencia a esta problemática del trabajo cuando escribió sobre “el alejamiento del yo” (Entfremdung, en alemán).

Ya en esa época, Mark señalaba que “el trabajo enajenado hace del ser genérico del hombre un ser ajeno para él, un medio de existencia individual. Hace extraños al hombre en su propio cuerpo, la naturaleza fuera de él, su esencia espiritual, su esencia humana”. Una consecuencia inmediata de esta enajenación del hombre y su producto de trbajo “es la enajenación del hombre respecto del hombre”.

En otras palabras, el problema de “vivir para trabajar” (o trabajo alienado según Marx) limita al trabajador a una actividad no deseada como medio de supervivencia, el trabajo ya no es voluntario, sino forzado.

Una encuesta realizada en Estados Unidos refleja algo que probablemente ocurre en todas partes. La firma ‘Healthy Companies International’ realizó una encuesta a más de 500 trabajadores estadounidenses, en la que les preguntó lo siguiente: “Todos los empleados deberían poder buscar el éxito y disfrutar de una vida completa. ¿Cómo afecta su trabajo a su habilidad para disfrutar la vida?”.

Los resultados que arrojó la encuesta indican que solo 1 de cada 4 (26%) empleados encuentra felicidad y realización en su trabajo, mientras que la mayoría (60%) ve sus actividades profesionales únicamente como una forma de recibir ingresos y, de esta forma, poder satisfacer otras necesidades. Por otro lado, el 11% de los trabajadores encuestados se queja de que su trabajo les roba toda su energía y su felicidad.

¿Cómo puede ser feliz la inmensa mayoría de trabajadores ambulantes que pasan buena parte de su vida en las calles de las ciudades vendiendo productos en condiciones climáticas muy difíciles? ¿Cómo pueden ser felices los obreros de fábricas de autos o computadoras que laboran hasta el agotamiento y todos aquellos que trabajan como un robot haciendo el mismo trabajo repetitivo, sin ninguna creatividad? ¿Cómo pueden ser felices los ricos, millonarios y multimillonarios de la Tierra dedicando su vida solo a tener más y más dinero, sin disfrutar de todas aquellas acciones que tienen un real sentido para el Buen Vivir?

En conclusión, el trabajo debería ser una fuente de bienestar personal y de felicidad, pero lamentablemente el mundo no está hecho para que eso sea posible. El sistema globalizado y consumista requiere de “humanoides” que desarrollen actividades para permitirles tener más y más utilidades.

Todos los seres humanos podemos desarrollar nuestra creatividad y realizar actividades que nos den una profunda satisfacción en nuestro trabajo. Esa debe ser la búsqueda de todos y, para lograrlo, es necesario e indispensable conocernos a nosotros mismos para descubrir las inmensas capacidades que todos tenemos pero que no las utilizamos.

Hay un mito muy extendido según el cual “trabajar más cada día contribuye a forjar un mejor futuro profesional”. Es un mito porque, aunque eventualmente tener extensas jornadas laborales puede contribuir a mejorar los ingresos, con el tiempo a lo que único que ayuda es a que desarrollemos fatiga profesional y rindamos menos en nuestras labores.

Trabajar duro es visto por muchos como el camino hacia el éxito. En parte tienen razón. Pocas posibilidades existen de triunfar realmente si no es a partir de un esfuerzo continuado. En lo que se equivocan es en el hecho de que el trabajo duro no es necesariamente “sobre-ocupación”. De hecho, está comprobado que el exceso de trabajo conduce a resultados más pobres.

Al fin y al cabo, ¿se debe “trabajar para vivir” o “vivir para trabajar”?. La frase debería ser “trabajo para vivir bien”. Es decir, que uno sea feliz con el trabajo que tiene y en el cual debería estar reflejada la vocación o la actividad que mayor satisfacción le da a la persona.