“Protección”, el pedido de todo un pueblo al Gauchito Gil, en su día

Las creencias y la devoción no acatan órdenes ni restricciones. Con distanciamiento social, los fieles del Gauchito Gil concurrieron ayer al santuario de Villa Rosa para agradecer y pedir, en este año tan difícil.

Cada 8 de enero se enciende una vela roja para venerar al Gauchito Gil, santo popular argentino que está presente al costado de cada camino, a lo largo de todo el país. El color rojo y una bandera al tono, lo identifican. En Escobar se encuentra uno de los templos más visitados del territorio bonaerense. Ubicado exactamente en Ruta 25 y las vías de ferrocarril, en Villa Rosa, ayer decenas de fieles se acercaron al lugar para pedir y agradecer. El Diario de Escobar estuvo allí.

santuario Gauchito Gil Villa Rosa


El evento principal se realiza en la localidad de Mercedes, en la provincia de Corrientes. Este año, por razones pandémicas, no hubo ningún acto que convoque multitudes. De todos modos en algunos lugares del país, ante cualquier santuario, la gente se acerca de manera espontánea a rendirle tributo, a agradecer y a pedir.
El santuario de Villa Rosa congrega fieles de Luján, Moreno, Escobar, Garín, entre otras localidades. El mismo, fue levantado por un vecino, Mario Zacarías, el ideólogo del templo. Mario detalló a este medio que el gaucho que está en este santuario fue traído de Corrientes y que con la ayuda del municipio y de los vecinos, como José Sanchéz y otro lugareño de apellido Flores, armaron el espacio hace 16 años.
Para Mario, la veneración al Gauchito surgió por medio de sus viajes en camión y al compartir con otros conductores de transportes de carga una parada, un descanso, unos mates. Y allí “siempre salía el tema del Gauchito. Empezás a empaparte de quién fue”.
“Un día tuve un accidente en el que volqué con un automóvil y me quebré la columna. Un hombre me dijo `vení, vení que te voy a llevar a un lado´, y le pidieron tanto al gaucho que logré recuperarme de una lesión irreparable”, relató Mario emocionado.
Mario, además, es veterano de Malvinas. También le pidió al santo “volver con vida” a su tierra. Y así fue. “Acá viene gente de todos lados, de Mar del Plata, de Chivilcoy, de Arrecifes, de San Nicolás, de Junín y de varias provincias cercanas”, explicó.
Mario y sus tres hijos ayer controlaron el ingreso al santuario dada las medidas de distanciamiento para prevenir el Covid-19. Años anteriores esta fecha fue una fiesta, con fuegos artificiales y a puro chamamé. Este año, el festejo es distinto, pero a pesar de ello, la fe no tiene restricciones. La gente viene y agradece con una vela, con un vino, entre tantas otras ofrendas que dejan en el santuario.