Luis González, veterano de Malvinas

En el marco del acto por el Día del Veterano y los Caídos en la Guerra de Malvinas, FM Líder entrevistó a Luis González, veterano de Malvinas y eje fundamental en la fundación del Centro de Veteranos de Guerra de Escobar.


“Nuestro primero objetivo era tener un lugar, porque al principio nos juntabamos en la plaza, después en la casa de alguno de los muchachos, hasta que conseguimos que nos den el galpón de la estación donde estuvimos mucho tiempo, mientras el intendente Patti nos dio el terreno y nos empezó a hacer la obra”, comenzó su relato.
“Yo venía a charlar con los albañiles. Había días que veníamos y estabamos acá, por ahí no teníamos nada que hacer, pero estábamos acá”, recuerda sobre los comienzos de la sede que hoy es orgullo para todos.

También recordó al padre del soldado conscripto Jorge Inchauspe, fallecido en Monte Longdon y condecorado Pos Mortem como Cabo Segundo, otro héroe escobarense.
“El padre de Inchauspe, Don Tito, venía todos los días a pasear a la perrita que tenía. Para él ésto (el Centro de Veteranos) era sagrado… Era encontrarse con su hijo. Nos decía ‘vine a saludar a mi hijo’. Venía todos los días”, rememoró Luis González con un dejo de tristeza y emoción.


Luis González era un soldado conscripto del batallón logístico 10 de Villa Martelli cuando comenzó la Gesta Malvinas. Su corta edad no impidió que quisiera estar en el frente y, si bien él no estaba designado para ir, se ofreció voluntariamente para defender las islas. Dos veces fue rechazado, pero con su insistencia lo aceptaron en el tercer intento.


El 13 de abril de 1982, desde Comodoro Rivadavia y en un avión sin asientos, llegó a Malvinas y en Puerto Argentino acondicionaron un galpón para proceder al reparto de víveres. Ellos se encargaban de repartir todo lo que llegaba, incluso donaciones de la gente. También llegaban muchas cartas, de las cuales él llego a contestar algunas.
En una entrevista realizada por Vanesa Cardozo de la Agrupación Herencia Malvinas de Escobar, el veterano recordó los días muy fríos en las islas, el viento y los pies helados debido a la humedad era “como caminar en una esponja”, manifestó en esa oportunidad.


También contó que las noches se hacían muy largas bajo refugio y trincheras, siendo lo peor el sonido de los bombardeos, sin saber dónde caerían.


Cuando la guerra terminó sintió un sabor amargo, por querer hacer más, sin embargo, hasta el último día estuvo repartiendo vivieres y cumpliendo con su deber, su Batallón había cumplido con su misión.


Luis retornó a su hogar el 20 de junio de 1982, justo en el día del cumpleaños de su padre, quien mientras cocinaba el tradicional locro de cumpleaños, salía a la puerta y decía “hoy va a venir mi hijo”.


Es uno de los héroes de nuestro distrito y se siente orgulloso de seguir adelante con la causa Malvinas.