La madre de Matías Berardi pide saber por qué mataron a su hijo

A 10 AÑOS DE SU ASESINATO

El 28 de septiembre de 2010, el joven de 16 años fue secuestrado en Escobar y lo tuvieron cautivo en una casa en Tigre. Su madre pide hablar con alguno de los condenados.

A una década del crimen en el que Matías Berardi fue secuestrado en Escobar y asesinado de un balazo en Campana, María Inés Daverio, su madre, aún no encuentra explicación y pide hablar con alguno de los culpables para saber si lo mataron “por odio u otro motivo”.

Matías, con tan solo 16 años, era el mayor de cuatro hermanos y cursaba el quinto año del colegio Saint George de Escobar. En la madrugada del 28 de septiembre de 2010, en el momento en el que regresaba de una fiesta de egresados en Capital Federal y se bajó de una combi en Panamericana y Ruta 26 para volver a su casa. En ese momento, fue secuestrado por un clan familiar que lo eligió por su buen vestir y al que se referían como el “chancho de América” en los mensajes intercambiados. A partir de esto, fue trasladado en cautiverio a la casa del jefe de la banda, Richard Fabián Souto, en avenida Sarmiento 407 de Benavídez, partido de Tigre, y empezaron los llamados extorsivos a los padres de Matías, en los que exigían un rescate de 30.000 pesos.

María, a través de un medio virtual (Télam), recordó: “Siempre hicimos lo que nos dijo la policía, que al principio dudaba de si era un secuestro verdadero o virtual. Pero yo escuché y reconocí en el primer llamado a Mati que tenía una voz particular y gritaba ‘¡mamá, mamá!’. Me dijeron: ‘¿Querés volver a ver a tu hijo?’. Y ahí empezó una escalada de pedidos de dinero”.

A Matías lo encerraron, ataron y vendaron en el baño de un taller. Sin embargo, tras pasar 14 horas cautivo, escapó, salió a la calle y pidió ayuda entre los vecinos, a quienes les dijo que lo tenían secuestrado, pero no logró que nadie lo refugiara. En ese instante, las mujeres de la familia salieron a la calle a comunicarles a los vecinos que era un ladrón que había intentado robarles. Souto y otro miembro de la banda lo persiguieron con un auto y lo recapturaron a dos cuadras, en las puertas del cementerio de Benavídez.

“Él tuvo la fuerza para escaparse y esa imagen nos mata. Se quiso subir a un remís y el chofer se asustó. En el barrio no lo ayudaron porque salieron las mujeres gritando que era un ladrón. La policía pasó por el lugar, hizo luces y se fue” relató María. Además, continuó: “Pero todo el barrio los vio, a ellos y a Matías corriendo. Hubiera sido más fácil para ellos dejarlo. Teníamos decidido pagar. No logramos entenderlo”.

En el momento en que los secuestradores ya habían decidido asesinarlo, llamaron por última vez para saber cuánta plata había reunido la familia, que exigió una prueba de vida que nunca llegó. La fuga y el hecho de que Matías vio el lugar y los rostros de algunos de sus secuestradores fueron, según los investigadores, el motivo por el cual la banda decidió asesinar al adolescente. A Berardi lo asesinaron de un tiro con una pistola 11.25, que ingresó por el omóplato derecho y le ocasionó la muerte. El cadáver lo hallaron el día siguiente a 300 metros de la ruta 6 en un camino de tierra, en Campana.

La madre de la víctima comentó en relación con el asesinato: “¿Por qué mataron a un chiquito de 16 años? Lo golpearon, lo trasladaron setenta kilómetros, él llorando y pidiendo que no lo maten y ahí lo fusilaron. Esa imagen y la frialdad con la que actuaron, no la podemos entender”. “¿Cómo pudieron matar a un chico? A sangre fría, arrodillado y lo golpearon antes de ejecutarlo. Todo lo que pasó fue muy terrible”, dijo.

Pasaron 10 años del caso y los condenados nunca declararon. Es por eso que María pide: “Que alguno me explique por qué tomaron esa decisión. ¿Qué pasó? Me gustaría que fueran sinceros, que me digan si tuvieron algún tipo de complicidad con la policía. Me gustaría saber cuáles fueron las últimas palabras que dijo Mati, cómo fue su último minuto. Si no, uno se sigue preguntando cosas o imaginando detalles y a veces es mejor saber la verdad. ¿Por qué lo mataron? ¿Escuchó algo? O que, en definitiva, si fue por odio o resentimiento, que lo reconozcan. Eso nos daría un poco más de paz”.

En la actualidad, Inés trabaja en el Programa de Asistencia a la Víctima, estudia consultoría psicológica para ayudar a esas familias de una manera más profesional y dedica gran parte de su tiempo a acompañar en su recuperación a un hermano de Matías que padeció un grave problema de salud.