Hubo cosecha en la huerta garinense

OBRAR LA TIERRA – La iniciativa de un grupo de vecinos está dando frutos.

Como días atrás narró este matutino, en un terreno baldío del barrio La Madrugada, la vecina Norma Saucedo junto a un grupo de niños y jóvenes, y demás vecinos que cada vez se van sumando más, participan de la realización de una huerta orgánica comunitaria. En esta ocasión, el trabajo dio frutos, y Norma lo quiso compartir con Grupo El Diario.

“Estamos contentísimos con todo lo que cosechamos. Es un trabajo muy lindo de contención para los chicos, y ellos descubren como se trabaja la tierra”, dijo Norma Saucedo, la mujer que tuvo la idea inicial, y que junto a su marido prestaron la tierra para concretar este sueño. Algunas de las semillas se las habían dado en reuniones del INTA, y ahora ya están guardando ellos sus propias semillas. Esto puede servir de incentivo para todo aquel que posea una, la pueda llevar a la huerta, para sumar a esta cosecha comunitaria. Lo mismo respecto a herramientas como palas, u otras que ya no se utilicen y puedan ser donadas.

Si alguien se imagina que al haber comenzado hace poco, las primeras variedades que plantaron son las básicas, muy lejos está de la realidad. Entre lo plantado, además de tomate, repollo, perejil y achicoria, hay casi siete variedades de tomate, uno de ellos de color negro, un tipo poco conocido. También están los maíces negros, que trajeron de Bolivia y los cuales están esperando para cosechar, además de la papa del mismo país. Sumado a esto, están sembrando arbolitos de palta, también de mandarinas, y distintas variedades de árboles, con la idea de que luego cuando crezcan se puedan trasplantar y embellecer la zona. Entre todo el trabajo que requiere, están buscando maneras para curar las plagas, de manera orgánica, sin pesticida.

“Esta fue una cosecha para nosotros, porque no fue tan grande. Estamos pensando con los chiquitos para más adelante hacer algún tipo de salida laboral para algunas personas, porque hay muchas personas sin trabajo”, dijo Saucedo. Ella los está ayudando, y su intención es que sigan todos juntos, porque ella empezó eso como una terapia. Poseía la tierra familiar, y además siempre le gustó. Después se enganchó con la gente y los nenes, y siente que eso sirvió para todo el mundo. “La gente tiene que aprovechar el pedacito de tierra de su casa, porque con esta bendita tierra que tenemos nadie puede padecer hambre”, reflexionó Saucedo, expresando la concepción profunda que tiene ella sobre el terreno. Y esto quiere dejarles a los niños que pasan por allí. Podría pensarse que es un mensaje de sentir a los alimentos como parte de ellos mismos, como una extensión de la naturaleza, de su trabajo y su saber, y no como algo dado, que les puede ser quitado cuando un otro ajeno lo decide.