“El eterno sueño de la felicidad”

GUILLERMO DUNEL PRESENTÓ SU PRIMER LIBRO

El conocido director y productor de cine escobarense  fue invitado a los estudios de FM Líder para hablar de este primer libro que publica, que contiene distintos cuentos y relatos. 

“Son textos extraídos de entre otros tantos, guardados durante años, décadas en algunos casos. No hay un género determinado, pues fueron escritos de manera individual, sin una relación directa entre ellos. Nunca había pensado seriamente en hacerme conocer más allá de ellos hasta que la insistencia reiterada de amigos y familiares me llevó a tomar la decisión, osada, muy atrevida, de publicar.”

“El eterno sueño de la felicidad” es además el título del primer cuento, al respecto Guiyo dice: Tal vez una historia un tanto pretenciosa, ya que trata de simbolizar ésa eterna búsqueda que nos consume la vida. Lo resumo en la vida de un tipo opaco, insípido, que deja pasar el tiempo sin darse cuenta, y descubre en los últimos tramos de su existencia, que aquello que él creía era “su” felicidad, no estaba en ésa vida cotidiana, rutinaria. Entonces elige un camino sin retorno, extraño, que algunos podrían calificar como mágico, y con un costado trágico a la vez”. 

Los demás cuentos son un paseo por historias moldeadas con fragmentos de otras, algunas nacidas en experiencias propias y ajenas, y los restantes, simples productos de la imaginación. 

“Es extraño pensar en la inmortalidad de algo que nos sobrevivirá, y que sobrevivirá a los que nos sigan. No sé si ésa fue la intención, sobre todo cuando soy consciente de que la única pretensión de éstos escritos es contar algo a mis contemporáneos. Y, como dice Dolina, hablar de luces de estrellas que quizás ya se han apagado”- expresó el director y productor de cine y TV.

Consultado sobre qué papel juega el barrio como lugar de crecimiento, de amistad, y de acompañamiento para su libro, Dunel explica:

“El barrio es la raíz. Ni más ni menos. No importa que hayas nacido en el Gótico de Barcelona, el Malvín de Montevideo, o La Palmita de Guatemala. Es donde se te revela ése mundo que está más allá de la protección materna y paterna, donde descubrís los amigos, el amor, las primeras decepciones. El darte cuenta que no sos único, sino uno más. En mi caso disfruté ése privilegio, que, como sucede casi siempre, reconocí con los años, cuando ya no lo tenía. Lo que te dan ésos años y ésos lugares, no lo vas a encontrar nunca en ningún otro rincón del planeta, aunque llenes de sellos el pasaporte”.    

En cuanto a la relación entre la realidad y la fantasía en las historias que este libro presenta, el escritor aclara: “Cuando escribís ficción, pero tomás como modelos a personas y hechos reales, es difícil establecer un límite entre ésos dos mundos. En mi caso, yo me considero un cocinero más que un escritor, pues lo que hice fue recoger ingredientes concretos, tangibles, cosas y gente que existieron, y los mezclé en una suerte de ensalada, a la que le agregué algún que otro condimento propio. De todos modos, en la cotidianeidad es difícil establecer una dicotomía entre la realidad y la fantasía. Hay un relato, “Mateo”, muy local, y sin embargo muy ligado a nuestra historia nacional. Narra el encuentro entre Mateo Gelves, (el granadero nacido en Escobar que murió en la batalla de San Lorenzo) y el general San Martín. Se trata de absoluta fantasía, pero ya queno hay registros de que manera llegaron a conocerse, cuento cómo lo imaginé en mi niñez. Hay otro, más cercano a la realidad, que es una descripción de lo que vivió mi abuelo el día del retorno de Perón después de casi dos décadas de exilio”.

Preguntado sobre que textos y autores influenciaron en la escritura de El eterno sueño… y otros cuentos, dice:

“Así como todo lo que comemos y bebemos a través de la vida imprime a nuestra anatomía características únicas (para bien o para mal), con lo que leemos, vemos y escuchamos sucede lo mismo. Aunque mi incursión en la literatura fue caótica y desprolija, hubo autores que me dejaron su marca. Haroldo Conti, Herman Hesse, Milan Kundera, José Hernández, Horacio Quiroga, el negro Dolina, y sé que estoy siendo injusto olvidándome de otros”… Podría contar que a mí me hizo muy bien leer el Martin Fierro, algo que le agradeceré eternamente a mi viejo. Las obras de los escritores que mencioné anteriormente seguramente harán mejores a las personas que las lean. Pero algo que me gustaría decir: creo que todos, en cierto momento de la vida nos hemos atrevido a jugar con la birome. La única diferencia es que algunos caraduras cometemos la insolencia de publicar.  Llamarme “escritor” por ésta audacia, es como decirme “futbolista” porque pateaba una pelota en la canchita del barrio. Y éste libro es eso: un picadito en el potrero del Tajamar”. 

De alguna manera aparecen homenajeados en sus cuentos: artistas, vecinos, amigos, del autor

“Involuntariamente, al escribir no sólo contamos historias, sino que además homenajeamos a sus personajes. Yo no podría siquiera garabatear sobre temas que no conozco, o que no tienen cierta relación conmigo. Puedo atreverme con una anécdota sobre el cacique pampa Sayhueke, pero jamás me animaría a describir un minuto en la vida de un samuray. Hablo de lo que creo (más o menos) saber algo, y allí están los seres que pasaron por mi vida, ya sea por haberlos conocido o por relatos de otros: amigos, familiares, vecinos. Todos los protagonistas y situaciones están basados en individuos reales, en historias ciertas, en lugares verdaderos, aunque con un toque de fantasía y en muchos casos de humor.” – remató.