El día que las FAR tomaron Garín

A 50 AÑOS

Hace exactamente cincuenta años, la por entonces tranquila localidad de Garín era escenario de un acontecimiento que conmocionaría no sólo a sus vecinos sino también a la opinión pública nacional. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) ejecutaron la “Operación Gabriela.”

Consultado el profesor en historia Gustavo Issetta sobre este evento que estremeció a Garín y al país, relató: “El 30 de julio de 1970 convergen a la ciudad de Garín varios automóviles y camionetas que se ubican estratégicamente para que nadie salga de la localidad. El objetivo era tomar la comisaria fundamentalmente, ir a la casa del único radioaficionado que existía en ese momento para que no se comunicara y ocuparon una planta generadora de energía. El tema era robar el banco Provincia de Garín”. 

Del audaz golpe, que duró alrededor de 50 minutos, participaron 12 mujeres y 24 hombres. Actuaron divididos en dos grandes grupos conformados por tres y cuatro comandos con la condición de que ninguno de los dos podía ir en ayuda del otro si se presentaban problemas.

Cerca de Escobar había un grupo de apoyo de tres militantes: Carlos Goldemberg,​ Sergio Paz Berlín,​ y una médica de nombre “Sy”, que no conocían los detalles de la operación. Solo debían esperar en un automóvil para trasladar algún herido hasta una quinta para ser atendido. ​

Al mismo tiempo un grupo vigilaba la estación del Ferrocarril Mitre; mientras lo hacían, una de las parejas ingresó a la oficina del jefe de la estación y luego de enviar un telegrama el grupo se fue del lugar considerando que no era necesario tomar la estación.

En la oficina de ENTel, (el  entonces servicio de telefonía), un hombre y una mujer que habían llegado en una camioneta con un cartel que indicaba “ENTel (Servicio Contratado) RP. 14 demoraron a la empleada de limpieza hasta que llegó otro hombre y pidió que le abrieran una oficina determinada. Fue así que los tres ingresaron a la misma y, tras encerrar en el baño a un empleado, cortaron con un serrucho el cable maestro de las comunicaciones.

En tanto otro grupo ingresaba al Banco Provincia de la ciudad. ​

“En la puerta del banco provincia se encontraba el Cabo 1ero Sulling y nota como el resto de los testigos que de una camioneta baja una señorita con botas negras y de minifalda portando una ametralladora. El cabo trata de sacar su arma reglamentaria, hay un forcejeo y recibe un tiro en el abdomen. Los terroristas y asaltantes ingresan en el banco y rápidamente reducen a todos. Alguien pide poder atender al cabo Sulling que se estaba desangrando en el piso, pero los atacantes se negaron” – detalla el historiador.

Sobre este triste y lamentable episodio hay más de una versión ya que crónicas de la época aseguran que matarlo no era parte del plan, pero un confuso gesto del agente hizo que la mujer le disparara en el estómago y Sulling, vecino de Matheu al que le faltaba un año para jubilarse, perdió la vida horas más tarde en el hospital.

Antes de marcharse vaciaron todas las cajas, pero no pudieron ingresar al tesoro porque la llave estaba en la comisaría y el grupo a través de los walkie talkies recibió la orden de retirarse.  Pero al igual que en los otros puntos donde estuvieron, dejaron una pintada: “Libres o muertos. Jamás esclavos”.

“El grupo que se atribuyó este evento, robo y asesinato, era de tendencia marxista. Era el grupo que tenía que apoyar al Che Guevara, que si ganaba en Bolivia iba a ingresar a territorio   argentino desde el norte. La FAR en un comunicado que se puede ver en la colección de Eduardo Anguita, La Voluntad, dice: “La culpa la tiene el enemigo si tenemos que matar”. O sea, que para ellos el cabo Sulling es culpable”- culmina diciendo Issetta.

Cabe recordar que aquel 30 de julio, un supuesto médico y una mujer con guardapolvo de enfermera de la Cruz Roja llegaron a la comisaría argumentando que habían ido a examinar a los niños alojados en el hogar OPROVI y que debían “abrir comisión”. En un momento determinado la mujer sacó una ametralladora que tenía escondida en la ropa y lograron reducir a todos los efectivos. Se llevaron todas las armas que encontraron.

Según el testimonio de vecinos de la época, los guerrilleros llegaron temprano a Garín y un grupo ingreso al entonces restaurante El Farolito, ubicado frente al Banco Provincia, desde donde hacían inteligencia. Antes de retirarse se llevaron la recaudación.

Los militantes huyeron de la ciudad con $3.316.628 pesos moneda nacional, siete pistolas, cuatro revólveres, dos metralletas, cargadores, chapas y uniformes.

La “Operación Gabriela” tuvo al menos tres objetivos: Hacer su presentación pública, obtener armamento y dinero y mostrar la vulnerabilidad del gobierno de facto, de entonces.