Cuando agradecer se conjuga en plural

EL COVID EN PRINERA PERSONA

Marisa Farías es vecina de Escobar. Tiene 47 años, casada y madre de tres niños. Marisa tuvo Covid. Su historia, es una historia más entre tantas otras de hombres y mujeres del distrito que padecieron las consecuencias del contagio de este terrible virus. En su testimonio queremos destacar la fuerza de voluntad, la fe y el agradecimiento de tantos pacientes que vencieron al coronavirus.

“El 23 de agosto me hicieron el hisopado, el 24 me dieron el positivo. Estuve 11 días volando de fiebre, muchísimo dolor de cabeza, vómitos, hasta que un día me empezó a faltar el aire.          Al otro día, jueves, llamamos a la ambulancia del SAME. Vino una Dra. me vio y decidieron internarme para hacerme una radiografía. Me llevan al hospital, me hacen el estudio, en el mismo sale que tenía una neumonía bilateral grave y quedé internada en terapia”.

Sin lugar a dudas la situación más difícil por la que debieron atravesar los pacientes que quedaron internados es el momento en que ya no pueden ver a ningún integrante de sus familias.

“Yo no lo veía, pero a mi marido lo llamaban todos los días después de hacer el recorrido para darle el parte médico. Conmigo éramos 4 en terapia, después me pasaron a piso y no supe más nada de ellos”.

Solos, aislados, sintiéndose francamente mal, el cuerpo se va debilitando, es difícil no pensar en la muerte.

“Si. Desde el momento que me dijeron que me tenían que internar. Es que uno ve las noticias, es inevitable estar al tanto. Más allá que hacía 15 días que ya no miraba tele, porque realmente no podía. Pero antes uno escuchaba cosas y cuando te hablan de una neumonía bilateral, pensád lo peor.

Ahora tengo el alta médica del hospital. Si bien los médicos me dicen que me va aquedar un tiempo esto de agotarme, los dolores de cabeza todavía continúan. No puedo hacer casi nada porque todo me cansa, pero voy saliendo. Y ayer la municipalidad me mandó el alta en un PDF”.

En las historias de los pacientes con coronavirus se repiten hasta el cansancio las palabras, miedo, incertidumbre, tristeza, dolor… Pero hay una que se repite en cada uno de los relatos: agradecimiento.

Quisiera agradecer la excelente atención que me brindó el hospital Erill. Las enfermeras, los médicos, kinesiólogos, el subdirector… Me hicieron un tratamiento de ibuprofeno aspirado que fue lo que me sacó adelante y un tratamiento con ozono que me ponían en el suero.

Agradecer al Director del hospital, a Nicolás, a las enfermeras de terapia, a los médicos, al kinesiólogo Rubén De Marco, al Dr. Fernando Perreta. Principalmente a las enfermeras que con una paciencia y con una calidad humana increíble atienden a todos los pacientes tanto en terapia como en piso. También al SAME, a las ambulancias del mismo, que en varias oportunidades tuvimos que llamarlos, por mi fiebre, mis dolores de cabeza y ellos también se acercaban, los médicos me controlaban…

No tengo palabras para agradecer todo lo que hicieron por mí.