Crece la sospecha de que la víctima conocía a su asesino

CRIMEN DEL JUBILADO EN MASCHWITZ

Tal como adelantara este matutino, el mismo día del hecho, la hipótesis de homicidio en ocasión de robo parece desvanecerse al correr de las horas al no encontrar indicios de elementos faltantes. Otras circunstancias de la escena, hace pensar en un crimen pasional.

El empresario Martín Osvaldo Rodríguez, de 69 años, fue asesinado a golpes y su cuerpo estaba atado con una soga sobre la cama de su dormitorio y exhibiendo su intimidad. La investigación que se lleva a cabo todavía no pudo determinar la existencia de un robo. Y si bien el móvil del hecho es un misterio, la hipótesis del crimen pasional continúa. 

Cabe recordar que cuando la empleada doméstica llegó a la imponente casa del barrio Los Naranjos en Maschwitz, donde Rodríguez, gerente de una empresa de plásticos, vivía solo, la mujer encontró la reja y la puerta principal entreabierta, cosa que no era habitual.

Con desconfianza ingresó a la casa y observo cierto desorden. Electrodomésticos fuera de lugar, muebles abiertos, prendas en el piso, sin embargo, no se pudo constatar hasta el momento la faltante de algún elemento determinado, mientras que varios objetos de valor continuaban en su lugar. Esto da a suponer que se intentó disfrazar la escena para ocultar el verdadero móvil del crimen.   

Tal como informamos el pasado miércoles, no había puertas ni ventanas forzadas. Es decir que los delincuentes ingresaron con llave o con anuencia de Rodríguez. La casa cuenta con cámaras de seguridad en la parte exterior que ya están siendo analizadas por los investigadores.

“Por ahora lo qué pasó es un misterio. No descartamos ninguna hipótesis porque aún no pudimos comprobar que se trate de un robo. Si bien algunas habitaciones están revueltas y los muebles fuera de lugar aún no pudimos constatar faltante de cosas. En la zona también hay cámaras de seguridad municipales y privadas que estamos revisando”, señalaron fuentes de la investigación.

Dos equipos de Policía Científica trabajaron durante 48 horas en la casa hasta que se la entregaron anoche a la familia. Cuando la Policía llegó en la mañana del miércoles a la escena del crimen se encontraron con Rodríguez ya fallecido, boca abajo y con los pies atados con una soga que no pertenecería a la casa, lo que podría indicar que se trató de un hecho planificado con antelación.

Según los resultados de la autopsia, la hora de la muerte se dio entre las últimas horas del martes y la mañana del miércoles, es decir, algunos minutos antes de que la empleada doméstica llame a la policía. Se produjo por un traumatismo craneal grave. El cuerpo, expuesto en su desnudez, boca abajo, estaba enrollado en una soga, que no pertenecía al lugar y presentaba moretones, probablemente provocados por golpes de puño. Está confirmado que no se utilizaron ni armas blancas ni de fuego.

Por otra parte, resulta fundamental las pericias tecnológicas realizadas a una computadora y al teléfono celular de la víctima, que estaban en el lugar. Situación está que para los investigadores resulta extraña, de haberse tratado de un robo. 

A pesar del hermetismo que envuelve a esta causa, El Diario pudo conocer que, no se descarta que el asesino sea alguien conocido por la víctima, no solo porque no forzó cerraduras para ingresar sino porque el modo en el que estaba “dada vuelta” la casa les hace pensar que el delincuente buscaba algo en particular.