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JUEVES 12 DE ABRIL DE 2018

Juan Carlos Papa: “No quisiera morir sin que mi viejo fuera reconocido”

Juan Carlos Papa, exitoso comerciante y empresario, participó en las más importantes entidades del distrito y fue funcionario municipal como su padre. Trabajador incansable. Habla de su niñez, sus amigos y de sus nietos que “son el motor para seguir adelante”.

Juan Carlos Papa

Juan Carlos nació en Belén de Escobar el 21 de marzo de 1946. Hijo de Josefa Iglesias y José Alfonso Ferrer Papa. “Me crié prácticamente en casa de mi madrina, Aurora Rolla de Pena. Era la partera del pueblo, la que trajo al mundo al 90% de Escobar. Allí mi mamá trabajaba de doméstica. En aquella época los partos se hacían a domicilio o en esa casa, que ahora es la del Dr. Fiorini. Ahí me crié junto a mi hermana Elsa. Tengo hermosos recuerdos de esa época. Mis juguetes eran un par de latitas de conservas, adentro de un cajón. Pero cuando Evita mandó los juguetes por el Correo yo fui a buscar el mío y era un conejo de peluche”.

Juan Carlos supo que su padre era José Papa recién a los 8 años. Su padre, que venía de otro matrimonio, al fallecer su esposa, formalizó su relación con Josefa y la familia quedó consolidada. De esa relación había nacido un hermano mayor que falleció a los 9 meses. Su hermana Elsa lleva el apellido de su madre y conoció la identidad de su otra familia ya de grande. Eso es parte de otras historias de vida y merecen un capítulo aparte.

“Hice la primaria en la escuela N° 9 (hoy escuela 2). La directora era la señora de Juancito Ferrari. Y de maestras tuve en quinto grado a Edi Domenech, que entonces tendría 18 años y en sexto a la señorita Barreras, que venía de Campana. Era buen alumno y mi pasión era bailar folclore en todos los actos. Mi compañera de baile era Elisa Petrochelli, una peticita muy linda (recuerda y sonríe).

La secundaria la cursé en la escuela técnica Gral. San Martin, en Chacarita. Aquí no había de esas escuelas. Viajaba todos los días a Buenos Aires, en tren y después caminaba 20 cuadras por no tomar el tranvía, así me quedaban unos manguitos para una “Coquita”, cuenta.

Pagó sus estudios trabajando. Empezó armando ruedas en la bicicletería de Medina, al lado del bar América, y limpiaba los gasificadores de las cocinas a kerosene. Vendió duraznos en la esquina de Spadaccini y, ya más grande, mientras cursaba el secundario con doble escolaridad, regresaba a su casa se bañaba y volvía a trabajar, “También trabajé en el cine Italia, primero de caramelero y después me enseñaron a pasar las películas. Me hice operador cinematográfico (vuelve a reír). Volvía a casa a la una de la mañana, dormía y al otro día a las 5 de nuevo a estudiar. Hasta llegué a ser colectivero. Eran todas changuitas extras.”

Tanto trabajo no le impedía, sin embargo, salir a bailar y de “juerga de lunes a lunes, con los amigos” a Tropicana en Campana, o a un boliche de Capilla del Señor. “También íbamos a Cuernavaca en Pilar. Me acuerdo que entonces en el baile había 10 mujeres para cada hombre. Yo era muy atorrante y mujeriego” (vuelve a reír)

Juan se recibió de técnico mecánico. A los 19 años ingresó como aprendiz en Stone, fábricade material ferroviario. “El primer trabajo que me hicieron hacer fue limpiar una moladora de pie, enorme, y quedé negro de hollín. Pero luego fui progresando y fui Jefe de Almacenes, responsable de stock, hasta que me tocó el servicio militar a los 21”.

Su padre lo envía a hablar con un militar en el distrito de Zarate aventurándole que lo haría “zafar” del servicio y le firmarían la baja. “Me hicieron la revisación, me metieron arriba de un tren, me bajaron en Bancalari y de allí me llevaron en camión a Campo de Mayo, al Batallón de Comunicaciones 601. Los dos primeros meses ni siquiera pude salir de franco”, dice entre risas.

Cuando regresó de cumplir “todo” el servicio militar volvió a trabajar en Stone. Tras un trabajo que el dueño le solicitó a Juan, lo asciende a responsable de planificación y luego Gerente del área. En 1972, Juan debió hacer la liquidación, junto con quien después fuera su socio, Alberto Mendi, de la empresa que cerró su planta en Escobar y vendió sus instalaciones. Juntos compraron un predio y empezaron a trabajar como particulares para la misma firma ya que comercialmente continuaba. “Así nació Metalúrgica Belén SRL, que siguió trabajando para Stone hasta el 80 y pico”.

En el ‘75, ingresó a la Cooperadora del Hospital Erill, por invitación del Dr. Legaria, y allí participo durante 20 años. En el mismo año, ingresó al Rotary Club de Escobar y al año siguiente Don Luis Brucci y Pérez Marín lo convocaron para ser Secretario de la Fiesta Nacional de la Flor, cargo que ocupó hasta el año 96. “Tengo de Don Luis Brussi excelentes recuerdos. Era un gran visionario. Yo lo acompañé a todos lados. En las épocas difíciles y en la época de gloria”.

Juan participó e integró las comisiones directivas de casi todas las entidades de Escobar. También tiene una amplia carrera como empresario y comerciante desde el año 74 con Pinturería Belén, que mantuvo durante 42 años. “La idea de la pinturería nació gracias al hermano de mi socio, Nelson Fito Mendi, que era viajante de Colorín y nos insistió para que la pongamos”. Empezaron de a poquito y juntos llegaron a tener 7 sucursales.

“En el año 77, me caso con Amelia, mi primera mujer. Al año adoptamos a nuestro hijo Fabián. Alrededor del 84 me separé y formé pareja con Susana. Ella trabajaba en Silvapen, pero por recomendación de otra empleada ingresó en la metalúrgica y allí la conocí. Empezamos siendo amigos, después nos enamoramos y desde el 88  estamos juntos. Primero nos fuimos a vivir al edificio Torre y desde el 90 que vivimos en El Cazador. Siempre me gustó El Cazador. Desde chico venía con mi madrina, que me traía a la Hostería a tomar el té. Entonces estaba lleno de quintas de árboles frutales y muy pocas casas.”

Juan Carlos fue Vicepresidente del Banco de la Ribera y de la Tarjeta Crédito Cabal e Interventor de la Mutual Floral. Socio de la Mutual Bomberos y fundador de la Cámara Empresaria de Escobar. Desde el año pasado, ha sido convocado nuevamente para colaborar en la Fiesta Nacional de la Flor.

Habla de su familia y de su hijo Fabián y el nuevo emprendimiento en Brasil y del amor que siente por sus dos nietos y asegura “Son todo. Son las piezas del motor. Con Susana estamos muy agradecidos de tenerlos. Nos hacen muy felices”.

Juan pasó por distintas áreas de la función pública en la Municipalidad de Escobar, quizá como un destino pre fijado, al igual que su padre que trabajó destacadamente en beneficio de su comunidad dentro del municipio cuando Escobar era sólo una delegación del distrito de Pilar, y formó parte de las principales entidades de su época. “No me quisiera morir sin que mi viejo fuera reconocido. Fue un hombre importante para Escobar, fue muy reconocido por los antiguos vecinos, pero aún hoy ni siquiera una calle lleva su nombre. Durante años se han olvidado de muchos hombres. Sin embargo, hay quienes aún recuerdan “al viejo Papa”.

 

 

 

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