Otra vez los tordos de la calle Rivadavia

La problemática no es nueva, pero con los años la zona fue mutando. Los vecinos solicitan que se arbitren todas las medidas necesarias para erradicarlos.

Antes del 2012, la comunidad de los conocidos “tordos de la calle Rivadavia” parecían haber elegido la frondosa arboleda del tramo comprendido de esta arteria entre las calles Tapia de Cruz y Estrada. Con el correr de los años, la aparición de nuevos negocios y la desaparición de algunos árboles, los tordos se mudaron en su gran mayoría a la cuadra de Rivadavia entre Tapia de Cruz y Spadaccini.

Son centenares de aves que aparecen cada atardecer y cuyo trino llega a producir un sonido atronador, al menos “irritante”. Pero este no es el peor de los males que vecinos y visitantes padecen. Los tordos no sólo hacen barrullo, también “enchastran” veredas, autos y transeúntes con sus deposiciones. El olor es realmente nauseabundo.

No importa cuántas veces el municipio envíe a sus hombres a limpiar el lugar o cuán afanoso resulte el baldeo de alguna vecina o comerciante. A la tarde del siguiente día el lugar lucirá, y olerá, nuevamente, como un chiquero.

Las bandadas de aves, como si fueran cuervos, aterrorizan a quienes esperan en las actuales paradas de colectivos, ya que el resto de los vecinos enterados de la situación prefieren transitar por la vereda de enfrente

No hay manera de no escucharlos. No hay manera de no ser alcanzados por sus escrementos. Incluso aquellos que viven o tienen sus comercios en la cuadra siguiente, son afectados igual ya que el baldeo de veredas indefectiblemente va a la calle y de allí sigue su curso en bajada.

Algunos moradores y visitantes no sólo muestran su preocupación por el olor, el ruido y las heces, sino que afirman que las aves traen “muchas pestes”. Algunos estudios indican que los excrementos de estorninos y tordos  contienen bacterias y hongos responsables de enfermedades graves como la histoplasmosis, la encefalitis, la salmonella, la meningitis, y la toxoplasmosis, entre otras.

Además del riesgo higiénico y sanitario, puede producir problemas estructurales ya que el ácido úrico que se encuentra en los excrementos puede corroer la piedra, el metal, y otros materiales.

Desde hace años los vecinos solicitan que el municipio haga algo al respecto. Los gobiernos anteriores a la actual gestión recibieron todo tipo de pedidos similares. Incluso, antes del 2015, se juntaron firmas para apresurar alguna respuesta de parte de las autoridades.

Ni las alarmas, ni los reflectores que algunos vecinos colocaron esperanzados de espantar a las aves del lugar, han dado resultado, hasta el momento. Quitar los árboles o reemplazarlos por otras especies es una solución que muchos vecinos resisten ya que esos árboles son parte de la historia de la calle Rivadavia.

Sabido es que existen ahuyentadores de sonido, redes, pinches, y hasta especies de molinetes de colores que al girar ahuyenta a las aves. También repelentes ecológicos, de origen vegetal, cuya materia prima principal es el extracto Alicina (ajo) y está aprobado por todos los organismos ambientales.

Algunos vecinos, aparentemente más conocedores del tema, aseguran que, si se realizara una plantación de esta misma especie de árboles en una zona más rural, como Loma Verde, tras una poda de los árboles de la calle Rivadavia, las aves migrarían hacia este lugar.