“Ahora voy a poder ir al colegio cuando llueve”

DONACIONES PARA UNA ESCUELA DE MISIONES – Los alumnos y docentes de un colegio de Maschwitz, viajaron a otra provincia con un fin solidario.

El Instituto San Antonio de Padua realizó el viaje solidario que, desde hace tiempo, venían organizando entre docentes, alumnos y la comunidad educativa. Los chicos y educadores estuvieron desde el 6 al 12 de septiembre en la Escuela 258 en Campo Ramón, Oberá, provincia de Misiones, visitando a los alumnos de aquella escuela, y llevando donaciones.

Entre los elementos que junto la comunidad escobarense pudieron recolectar había, principalmente, paraguas, pilotos y botas, porque uno de los mayores inconvenientes que tienen allí es no poder movilizarse caminando hasta la escuela en días de lluvia.

“Lo más importante fue ver el rostro de los chicos cuando llevamos las donaciones. Ellos se emocionaban, lloraban, y nos decían ‘ahora voy a poder ir al colegio cuando llueve’. Fue algo impresionante. Queremos que este proyecto tenga continuidad, por eso queremos planear para el año que viene ir dos días más y poder pasar la noche en la escuela”, dijo el profesor Jeremías Caeiro, que acompañó a sus alumnos en esta gran experiencia.

Los alumnos disfrutaron de sus pares y aprendieron de las diferencias. Además, valoraron lo que esto significó para ellos como grupo de viaje. Se encontraron y se conocieron más trabajando juntos. “Es muy impresionante llegar a la escuela y ver las condiciones en la que viven los chicos. Su felicidad es muy simple comparada a la nuestra”, resaltó Máximo. Además, destacó el buen humor y la alegría que les transmitían en Oberá: “Nosotros a veces, si estuviéramos en una condición así, estaríamos enojados, no querríamos hablar con nadie. Pero los profesores tienen una humildad y una personalidad tan agradable que es imposible no tener una sonrisa cuando estas con ellos”. Malena, por su parte, descubrió que a pesar de que fue muy poco tiempo, en el propio curso se logró una relación distinta: “Lo que me sorprendió es que al comenzar el viaje estábamos dispersos, y al final de la semana éramos directamente todo un grupo enorme junto”.

Lo que destacó Carla, una de las estudiantes que viajó, es que en el último mes a la escuela rural se le designó un edificio, ya que previamente los chicos recibían su educación en una especie de galpón de chapa. Carla reflejó la necesidad que a simple vista parece no verse: “Ahora todo se ve muy lindo, no parece una escuela rural. Pero con los $6000 que se les da a la escuela, si por ejemplo se rompe un vidrio, nadie lo puede reponer. Hoy los pisos brillan, parece un sueño, pero en un mes, esto no va a ser así. La idea es que no se olvide esa escuela”, expresó con palabras sentidas.

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