Ana Isabel Puleo: “Cuando dejas de soñar es cuando empezas a morirte”

Alegre y creativa, esta destacada docente del partido de Escobar ha sabido mantener,  a pesar de los momentos difíciles, una sonrisa inconfundible que nos habla de esperanza y de una apuesta permanente a la vida. Al igual que esta ciudad que la vio crecer, sus sueños nunca terminan.

Nació el 26 de febrero de 1945 en una clínica en Capital Federal, pero vivía con sus padres en Villa Pueyrredón.  Hija de Vicente Puleo y María Carmen Jobe. A los 3 años conoce Escobar. “Mi padre trabajaba en Pirelli y un sábado, luego de trabajar, tomo una “bañadera” que salía de Corrientes y 9 de julio y llegó a Parque Belén, donde se hizo el loteo de Marcelino Paz, y compro 8 terrenos.  A pagar en cuotas. La única condición era que tenían que edificar la con techo de tejas. Papa fue pasando los terrenos a sus amigos italianos. Sus hijos eran mis amigos, así empezamos a venir todos en banda, los fines de semana.  Pase casi toda mi infancia en Parque Belén. Era todo campo. Había vacas, tambos… y nosotros jugábamos libres. Pasábamos del encierro de la Capital a esta libertad”

Ana recuerde que primero se desplazaban en tren y luego lo hacían en autos por la ruta 9 vieja.

“Cuando veníamos en tren, yo era muy chica pero recuerdo que esta el chofer de las señoritas Phillips, dos señoritas, creo que solteras y muy “paquetonas”, que las esperaba en la estación con un carromato, diligencia, vestido de negro con guantes blancos, para llevarlas a su barrio. Tengo esa imagen nítida de mi niñez en Escobar”.

Hizo la primaria en Capital. “Cuando salíamos los viernes mi madre me compraba un libro de la colección Robín Hood. Llegábamos a Escobar y a la noche yo tenía lectura. No había tele así que ese era el único entretenimiento.”

La secundaria la hace en una escuela “jesuitina”, que era una orden femenina de los jesuitas.    “Venia con mis compañeras a pasar el fin de semana a la quinta. Tenía fotos con el viejo cartel de la estación. Aun conservo amistad con algunas de ellas.”

Era la época del Club del Clan, las chicas ya salían a bailar pero “con los padres” al club Independiente o  Boca del Tigre, o Sportivo. En las calles se escuchaban las propaladoras con los parlantes “Ponían música y los anuncios.  Mis padres armaban las mesas con los De Marco,  y nos divertíamos en familia. Una vez vino a cantar Ellery Rech, que después se llamó Juan Ramón. … Recuerdo los corsos de Carnaval. Era hermoso. Tengo unos recuerdos fabulosos. Fuimos a ver a Palito Ortega y a todos los integrantes del Club del Clan”.

Una vez egresada Ana comenzó a estudiar para el profesorado de biología en el Joaquin V Gonzales. “En esa época venia poco a Escobar. De los 18 a los 22 prácticamente solo venia a alguna reunión familiar,” Ana, se recibe, pero simultáneamente hacia la carrera de agronomía. Sin embargo, a pesar de haber aprobado 36 materias, terminó dejándola. “Se comprobó, como siempre se dijo, que la mejor agencia matrimonial es la facultad (ríe). Ahí estudiando agronomía conocí a mi marido. Primero nos pusimos de novios y ambos dejamos la carrera. Mi marido era docente también.  Entonces nos casamos. ..Queríamos meternos en un crédito para comprar un departamento en Capital, Pero mi padre y mi padrino, Juan, (padre de Miguel Antonio Jobe), insistieron para que vengamos a la casa e fin de semana de Escobar que estaba vacía y se venia muy poco.  Así que me dieron la casa. Me case en enero del 71, y nos instalamos en Escobar”.

Ana regresa a Escobar con su titulo de profesora otorgado por el Joaquín V González.” Pipo Gigena estaba de rector en el colegio Belgrano, porque Ferrari Marín estaba de Intendente de Escobar.  “Fui a anotarme para tomar horas cátedra y de manera inmediata me ofrecieron horas. Sin llamarme, ahí directamente (dice entre risas). Empecé a trabajar el 15 de marzo de 1971.

Ana , además de en el Instituto Belgrano, trabajó en la Escuela Técnica de Escobar, en el Almafuerte de Pilar, Media 1 y 2, suplencias en el San Vicente y Santa María, fundadora del Magisterio… Durante 35 años fue docente en distintos establecimientos educativos. “Nunca quise estar en cargos directivos. No se si es bueno o malo eso, (sonríe) pero siempre me gusto tener contacto con los alumnos. Me era más enriquecedor.

“Me case, tuve mis 3 hijos, Javier, Ariel y Günther, mi marido dejo la docencia porque no se ganaba bien y empezó a trabajar en empresas  de Bunge & Born y luego fue gerente en Zanella. Después se enfermo…mi marido murió muy joven. No quiero entrar en detalles, pero fue una época en que la pasé muy mal”

Ana finalmente se jubiló y comenzó a viajar, y luego en el año 2015 se mudo a Torre Negra. “Estoy en el techo de la ciudad, viendo Escobar desde arriba. Viendo como se asfalta y como viene el progreso, un poco a los tumbos.

Ana tiene 3 nietos, Santiago, Vera y Fede y asegura que “ni piensa” en irse de Escobar. “Es mi lugar en el mundo. Acá desarrolle toda mi tarea laboral y afectiva. Mis tres hijos están vinculados con chicas de Escobar y tengo mis nietos, divinos, que viven aquí. De ninguna manera me iría de Escobar…Tengo una lista de sueños por cumplir (ríe) Siempre se dice que cuando dejas de soñar es cuando empezás a morirte (vuelve a reír) Así que sigo teniendo sueños. Expectativas de conocer otros lugares, otra gente… como en la película” antes de partir”. Solo hay que tratar de que los sueños no estén conectados con lo material  porque sino dependemos del dinero. Igual la mayoría de mis sueños hoy están conectados con viajes. Conocer Canadá, Las Cataratas del Niágara, Aruba, las Islas Fiyi, conocer Australia…  O sea, lugares todos muy caros.” (Vuelve a reír)

 

A %d blogueros les gusta esto: