“El disco de la abuela”

El escritor, director y cineasta escobarense, que  ya cuenta con un primer libro de cuentos, actualmente se encuentra preparando su próxima obra literaria. El Diario de Escobar pudo acceder a uno de estos escritos:

“El disco de la abuela”, es un emocionante y breve cuento que nos retrotrae a nuestra niñez, a los domingos con música en nuestros hogares y al tema favorito que se escuchaba reiteradas veces como parte de un ritual familiar. Juan Carlos, como en cada obra suya, entrega parte de su vida y nos representa en situaciones cotidianas de una época inolvidable, a la vez que despierta nuestra memoria emotiva para reencontrarnos en una historia en común.

Cabe recordar que en el mes de octubre, del año anterior, el Honorable Senado de la Provincia de Buenos Aires, a través de los Senadores Roberto Costa y Franco Bagnato otorgaron a Villalba una distinción del programa Expresarte por su compromiso con la cultura de nuestra ciudad.

Villalba, un apasionado del cine, creo el Festival Escobar de película que alienta y premia a los cineastas argentinos y de todas partes del mundo a presentar cortometraje con diversas e interesantes temáticas.  En este momento de su vida su incansable creatividad lo lleva a continuar por el camino de la literatura, como una expresión más de su inagotable aporte a la cultura ciudadana.

Su próximo libro se llamara “8.000.000 de historias” parafraseando la vieja serie La Ciudad Desnuda. Por tratarse de Juan Carlos, seguramente podría escribir muchas más.

EL DISCO DE LA ABUELA

¿Qué dice la canción Abu? – preguntaba yo

No se…mi amor…no se – contestaba emocionada.

¿Y entonces porque lloras?

Tampoco lo sé – decía – y se quedaba mirando a lo lejos, mientras me acariciaba entre melancólica y feliz.

Esta escena se repetía casi todos los domingos en casa de la abuela cada vez que ponía a sonar su disco preferido.

Aquella música y esa voz maravillosa que cantaba en un idioma por entonces extraño para mí, me sugería  imágenes surrealistas, una especie de   pájaro inexplicable que cambiaba de formas y colores, según el momento y el tono de la melodía.

Pero…             

¿Porque lloraba la abuela?

¿Porque muchas veces terminamos abrazados y lagrimeando?

¿Qué poder tenia aquella música para conmovernos de esa manera?

Durante muchos años me lo pregunte.

Con el tiempo, convertido en adulto y amante de la música clásica, supe que aquel idioma era el francés, que aquella mujer de voz insuperable era María Callas, que el aria que cantaba pertenece a la ópera Carmen, de Georges Bizet, y que el tema aquel, que curiosamente me sugería la figura de un pájaro fantástico, se titula “El amor es un Pájaro Travieso”.

Pero…

¿Que tenía aquella música? – Me seguí preguntando.

 En la actualidad, gracias a  estudios neurocientíficos y a la psicología, sabemos cómo funcionan distintas áreas del cerebro ante la estimulación musical, se ha demostrado que favorece la integración social, facilita la expresión de sentimientos e ideas, mejora la capacidad creativa y amplia las facilidades lingüísticas.

Que las pulsiones generadas activan esas zonas donde están las neuronas espejo, que actúan reflejando las acciones y/o intenciones de otros como si fueran propias, de tal forma podemos sentir su tristeza, su dolor, su alegría; permitiendo modificar estados de ánimo y compartir sentimientos.

Esto que la ciencia tardo años en explicar, la abuela, tan frágil, tan dulce y cariñosa, me lo transmitió amorosamente, casi en silencio, con su enternecedor e  inolvidable abrazo.

Hoy, que tengo la respuesta científica a ese viejo interrogante.

Hoy, convertido en un “libre disfrutador” de la música clásica.

Hoy, que conozco perfectamente el argumento de la ópera “Carmen”, que aquel idioma no me resulta desconocido y sé de memoria la letra del aria que tanto nos emocionaba.

Cada vez que pongo el viejo disco,  cierro los ojos y pretendo ignorar lo que dice, buscando volver a sentir aquel   emocionado y cariñoso  abrazo de la abuela.

Es entonces cuando ese pájaro fabuloso vuela nuevamente sobre mí.

Y por cierto que lo vuelvo a sentir.

                  Juan Carlos Villalba

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