Un profesor entre dinosaurios

Enamorado de la paleontología, este profesor de Biología y Ciencias Naturales de Escobar colabora con un grupo de científicos del Museo Rivadavia para el hallazgo de fósiles y dinosaurios. Sin embargo asegura: “Hoy nadie te aplaude por tener conocimientos.”

Adrián nació el 27 de enero de 1976, circunstancialmente en Campana, pero siempre vivió junto a sus padres en Escobar. Hijo único del matrimonio de Enrique Fidel Misantone, chofer de colectivos (fallecido hace cuatro meses) y Elba Alicia Alderetes, ama de casa. “Vivíamos en General Paz y Ameghino pero al año nos mudamos  a Corrientes y Las Heras. Nunca me malcriaron, me tenían cortito, como las madres de antes. (Ríe) Me relacionaba mucho con mis primos hermanos, de similar edad. Jugábamos a la pelota, a la escondida, y a corretear en el campo. Ahora está todo loteado, pero en esa época era todo campo. Jugábamos a la guerra… hoy no le dan a los chicos esos juguetes para que no sean violentos, pero les dan una PlayStation donde juegan a matar gente”.

Hizo la primaria en la escuela N° 2 y el secundario en el Instituto Belgrano, y el terciario lo curso en el Instituto de Formación Docente N° 39 de Vicente López. “Allí me recibí de profesor en Ciencias Biológicas y Ciencias Naturales”.

A los 15 años, en vacaciones de invierno y de verano trabajaba en mantención de piscinas en los countrys. “Con la plata me compraba cosas para mí. Mi primer trabajo de adultos fue en una fábrica  autopartista, detrás de Ford… En el secundario tuve de profesora de biología a la señora María Rosa Calado. Ahí me di cuenta que me encantaba la biología, la naturaleza, los animales, y cuando la tuve en el antiguo 5to año, le comenté que quería ser biólogo. A los 8 años un día me llamó y me ofreció dar clases. Yo no me había recibido pero me insto a probar. Yo tenía 20 años y mis alumnos 17 y ahí me di cuenta que me gustaba enseñar. Así que mientras trabajaba en Jumbo, que recién había abierto, continué con el profesorado”.

A los 20 años su sueño era ser piloto de avión de la Fuerza aérea Argentina. “Pero debía ir a estudiar y vivir a Córdoba, y no fue. “Después se me pasaron los años, porque hay una edad para hacer la carrera. Es algo que me gustaba y no pude hacer”.

Después a Adrián lo contrata la fundación Temaikèn, donde trabajó hasta fines de 2004. Enseguida empezó a colaborar en el Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia. “Ellos fueron quienes me llevaron por primera vez a una campaña paleontológica a la provincia de Neuquén y encontramos 3 dinosaurios nuevos que fueron publicados en todos lados”.

Si bien ya tenía algunas horas como “profe”, en el 2006 se recibió de profesor y trabajó en varios colegios de la zona. Desde el 2011 es director del nivel terciario en el Instituto Nicolás Avellaneda.

El año pasado lo volvieron a convocar del museo Rivadavia, donde en enero de este año volvieron a encontrar nuevos especímenes.  “Imagínate lo que es hallar algo que nunca nadie vio. Que cuando estos dinosaurios existían, no existía el hombre. Es increíble ser el primero que lo ve después de 80 millones de años. Es como hacer un viaje en el tiempo. Pero, además, me gusta mucho poder bajar todo eso y trasmitir ese conocimiento a los jóvenes y aunque parezca que ser paleontólogo es algo difícil, pesado o  inalcanzable, poder convencerlos de que elijan lo que elijan siempre es posible”.

En los últimos tres años Adrián se armó de una réplica de fósiles y lleva estos dinosaurios a las escuelas donde da charlas a niños desde 4 años hasta adultos que están haciendo el profesorado. ”Las réplicas me las hace un paleoartista que vive en la ciudad de Rosario.”

Docente y crítico del espacio que maneja a la perfección, es un observador de los cambios que se fueron dando en la educación. “Muy poco cambió para bien. Los que determinan las leyes educativas le han pegado mucho a la educación. Además el chico no se educa estando solo en la escuela. La función de este espacio es forman ciudadano éticos y criteriosos responsables que entiendan lo que es el progreso el trabajo y el esfuerzo… no es solo tener al chico adentro de la escuela y que sea un número de matrícula. Hoy por hoy las leyes educativas no premian el esfuerzo. Pero no hay que olvidar que la primera educación, los pilares, vienen de la casa y la familia”.

Adrián recuerda un Escobar “que era más tranquilo”.  Me acuerdo que mi mamá me mandaba a comprar al antiguo supermercado de los bomberos y me decía “andá al pueblo” y estábamos a solo 10 cuadras de la plaza. De adolescente íbamos a bailar a Susec, nunca tuve un problema. Salíamos tranquilos y no había gente que te quería hacer  algo en la calle. Hoy por hoy la gente anda borracha por la calle y se agarra a las piñas en cualquier lado. Hay mucha violencia, pero no es algo que pase solo en Escobar”.

“Pero ahora está todo mucho más organizado. Antes estaba solo el banco Provincia y ahora hay un montón de ofertas. En lo que es infraestructura progresó mucho, obviamente. Al haber más cantidad de gente, hay más construcciones, más accesos, pero antes era más familiar. La gente comía en la vereda, para Navidad cortaban la Mateo Gelves y se hacían mesas en la calle” (dice sonriendo).

Adrián ha tenido parejas y alguna convivencia pero sigue soltero y hoy está solo. “Ponele” (dice entre risas). Nada legal (vuelve a reír). Igual espero formar una familia y tener hijos. Me encantan los chicos, sino no sería docente.

Tiene un peculiar sueño: “Que un dinosaurio lleve mi nombre. No necesariamente tengo que descubrirlo yo, aunque así habría más posibilidades. Por ahí lo puedo estudiar. Aportar algo nuevo… Un homenaje a… (Sonríe) Otro sueño es formar una familia, viajar por el mundo. Quizá cuando tenga un poco más de tiempo me ponga a estudiar como piloto comercial o manejar avioneta (vuelve a sonreír). Otro anhelo, que más que un sueño es un proyecto, es que Escobar tenga un Museo de Ciencias Naturales. “Estudié como hacerlo y tengo los contactos. Estoy trabajando en ello”.

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