Miriam Castelletti: “La vida te da señales, y siempre hay que seguirlas”

Tenaz, luchadora, se autodenomina “buscavida”. Positiva y con sentido del humor, una mujer resiliente que conoce de caminos sinuosos y dificultades pero cuenta con una maravillosa fuerza interior que ilumina su vida y la de aquellos que pasan a su lado.

 

Miriam nació el 28 de septiembre de 1965 en la ciudad de Matheu. Hasta hoy sigue viviendo en la casa de calle Víctor Manuel III, de Villa Saboya. Hija única del matrimonio de Amanda Recagno  y Jorge Omar Castelletti. Su padre era tornero. “A mis  15 años mis padres se separaron, el se fue a vivir a Paraná y desde entonces no lo vi mas. Mamá además de ama de casa trabajó en la clínica Fátima desde su inicio. Era cava de mucamas… Mi infancia también giró en torno a mi abuela, Dominga Luengo.  Era una maga. Le pedías cualquier cosa y la sacaba de la galera. Lo más insólito, ella siempre lo tenía en un cajón, guardado  (ríe). Creo que muchas cosas la heredé de ella (en el aspecto de buscavida). Recuerdo que hacia bolsitas de nylon, las sellaba con calor y tenia su reparto en verdulerías y comercios. Recuerdo que íbamos juntas, caminando y repartiendo…. De mi niñez también recuerdo una casaquinta, que todavía existe frente a mi casa. Era como un club privado (vuelve a reír). Tenía a mi amiga, Claudia que también era hija única  y teníamos toda un quinta para nosotras…con pileta, así que mi mamá estaba tranquila y segura porque yo siempre estaba ahí.  Después Claudia se mudó y no la vi nunca más. “

La primaria la hizo hasta quinto grado en la escuela Nª 1 y cuando inauguraron la escuela 17 de Villa Saboya se pasó allí. La secundaria la cursó en la escuela Belgrano.

Miriam como cualquier otra chica de su época supo asistir a la matiné de Kabuki junto a sus compañeros de colegio para juntar fondos para el viaje de egresados. “Organizábamos esos bailes para poder viajar a Bariloche. También iba a bailar a Maxim,  Stefani, que era el mismo lugar, pero con cambio de nombre,  y después se acabo, porque me case” – dice riendo.

Su primer matrimonio fue con Fernando Candore. “Es el padre de mi único hijo, Gastón,  que es maravilloso. Estuvimos juntos durante 10 años. No funciono, pero es un gran hombre”.

Después de un tiempo volvió a casarse y a convivir durante otros 10 años, con una pareja de la que prefiere no hablar ya que aun se encuentra con conflictos legales. “Mejor no nombrarlo” dice mientras sonríe).

Desde hace 4 años esta en pareja con Daniel,  “Estamos muy bien, nos hacemos compañía. A nuestra edad todo es más relajado.” 

Miriam ha logrado encontrarse con gran parte de sus ex compañeros. “Gracias a Dios, y gracias a Facebook (dice sonriendo), para estas cosas sirve, nos reencontramos y nos juntamos siempre. Ariel Orentligerman, Luvini, Miriam Cuenca, Liliana Danuncio… De los profesores del Belgrano tengo gratísimos recuerdos del profesor Roberto Gaitán y de su esposa, María Rosa Calado… Cuando egreso me voy a Pilar a estudiar el magisterio. Entonces empecé a trabajar en la escuela 12 de Zelaya. Deje un tiempo porque estuve trabajando en la Municipalidad de Escobar pero luego volví a esa escuelita y allí me jubilé. Era como parte de los muebles”. (rie).

Miriam siempre esta haciendo algo. Su casa la levanto con sus propias manos, junto al padre de su hijo. Arena, cal, cemento, ladrillos…”Yo era el peón de albañil (ríe) He revocado, armado las estructuras para los cimientos, sobre todo en el verano que tenia las vacaciones de la docencia. La loza la preparamos con el papa de Gastón y vinieron los amigos el fin de semana, para colocarla. Entre los amigos estaba Carlitos Ramos. ¿Te imaginas al Dr. Ramos arriba de la loza…? (vuelve a reír). Yo era la maquinista con mi tío, y los hombres ponían la loza arriba. Todo a pulmón”.

A Miriam nunca nada me fue fácil. Pero jamás se rindió. Durante un tiempo tuvo el restaurant El Campesino, en Ruta 25, en la ciudad de Matheu. “En realidad mi mama trabajaba de cocinera en el lugar, y estaban por cerrar. Vendían el fondo de comercio. Si cerraban mi mama se quedaba sin trabajo. Yo en ese momento estaba trabajando en la Municipalidad, pero hable con mi mamá y le pusimos el hombro las dos y lo tuvimos cuatro años. Lo cerré justito unos meses antes de la crisis del 2001.”

En esta continua lucha por salir adelante, actualmente tiene en su casa un taller de vidrio fusión.  Allí enseña a hombres y mujeres esta interesante técnica aplicable a distintos objetos. También cuenta con la participación de otros profesores y artistas plásticos. “Yo no me creo un ejemplo de vida pero al taller asisten muchas personas con problemas emocionales: ataques de pánico, depresión y otros y ha encontrado un lugar “motivador”. Hay que ponerse una meta y seguir hacia adelante. Siempre, se puede”.

Miriam asegura que no se arrepiente de nada que hizo o dejo de hacer. “La verdad que no. Porque cada cosa por la que rezongue en su momento fue el puntapié inicial para que me pasara algo mejor. Siempre fue así. Toque fondo y salí mas fortalecida. Ahora, desde que me jubile le dedico todo mi tiempo al taller y gracias a eso soy lo que soy”.

Su único sueño por cumplir es exponer, ella sola sus trabajos de arte fuera de nuestro distrito. “Yo ya hice dos exposiciones del taller “Nomeolvides” en la Casa de la Cultura, junto a mis alumnas, pero me gustaría mucho poder exponer sola, fuera del Partido de Escobar. Representar a Escobar y llevar mis trabajos y que los vieran. Hace muy poco que me estoy dando a conocer. Me costaba mucho salir de mi “covacha” (ríe) pero las mujeres tenemos una fortaleza, que en algún momento la sacamos afuera. Yo estoy orgullosa de eso. De haber salido, de haber superado muchas cosas, y de toda la gente que me quiere y me ha acompañado en el proceso.”

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