Julio César Lafuente: “La vida se debe vivir siempre hacia adelante”

Sordo, sin ningún tipo de audífonos hasta los 18 años, atravesó una infancia y una adolescencia difícil, pero supo forjar entre sus compañeros y amigos relaciones de amistad que aún persisten. Permanente defensor de los derechos de las personas con discapacidad, este hombre independiente y decidido sabe que al futuro hay que salir a buscarlo.

Nació el 15 de Febrero de 1960, en Escobar. Hijo de Walter Ramón Lafuente y Elsa Mabel Cejas.  “Mi padre se dedicaba a trabajar en Ford, autopartes. Era pintor de autos en montaje. Mi madre fue ama de casa. Hermosos recuerdos me trae recorrer esa casa que está intacta en la calle Mitre 1163, en donde me crie hasta los 12 años. Ese era mi barrio”.

Julio fue a la escuela primaria General Belgrano. “Hasta 5º grado, ya desde los primeros años en la escuela se dieron cuenta que algo estaba mal en mí. Me llevaron al médico y me diagnosticaron Hipoacusia Bilateral, de severa a profunda, (Sordo). Entonces me pasaron al Colegio del Norte. No dure un año que me pasaron a la escuela N° 2,  Dr. Horacio Travi, en donde desde 5º grado pude terminal el 7º grado con muchas dificultades como toda persona sorda y sin audífonos, en esa época. Hasta los 12 años jugaba a las bolitas, a la payana  y a las figuritas. Me gustaba mucho pescar”.

Durante esos años Julio debió aprender a escribir, leer, y entender lo que se hablaba, sin escuchar realmente. “Empecé a comprender  la lectura labial. Me queda de esa época un hermoso recuerdo de mis compañeros de banco y del curso,  con quienes compartí muchas cosas lindas y aun hoy seguimos viéndonos. Cada tanto la vida vuelve a cruzarnos en el camino. Creo que sería hermoso volver a reunirnos nuevamente con quienes todavía están y recordar anécdotas”.

Julio termino la primaria y empezó a trabajar siempre junto a su padre. “Fui siempre su mano derecha en el taller que tenía en su casa. Trabajé hasta los 18 años. Un día pudieron comprarme mi primer audífono y así pude empezar una vida independiente. Enseguida salí a buscar mi futuro. En vida mi padre siempre me defendió. Fui su mano derecha. Su hijo pródigo. Decía que yo era muy inteligente y capaz de todo”.

Julio comenzó a frecuentar con sus amigos del barrio los boliches bailables. “Recuerdo bien a MAXIM´S frente al Palacio Municipal, KABUKI, calle Colón, SACCESS, Tapia de Cruz, siempre en Matinée…que épocas!! (dice riendo)

Se casó muy joven “y sin experiencia”. De ese matrimonio que luego no prosperó, tuvo 2 hijos. “Romina Gabriela Lafuente (36) y Mariano Nahuel Lafuente (27)  mis respetos y saludos a pesar de la distancia de más de 10 años sin verlos, también tengo dos nietos, Catalina y Miguel, a quien no conozco personalmente por causas que la vida nos pone por delante. Decisiones personales adoptadas por ellos, sabrán lo que eligen, son dueños de decidir”.

Su padre falleció hace ya 20 años. Ahora mi madre está enferma y conmigo.  Está a mi cargo, actualmente. Amo a mi madre. Me la sacaron de mi lado durante 12 años pero ahora estamos juntos de nuevo. El sábado la lleve al teatro Seminari (dice mientras sonríe). Todavía me gusta la pesca deportiva y navegar. Soy fanático-En esta vida no me arrepiento de nada, he cumplido con mis hijos como padre, me debo mis esfuerzos y la felicidad, me debo amor propio, debo seguir adelante porque  di todo por ellos”…” los amo, son mis hijos. La vida me enseñó a caminar un largo camino lleno de sorpresas, experiencias, éxitos y fracasos, de los cuales siempre se aprende algo nuevo. Solo sé que se debe vivir la vida, siempre hacia adelante”.

Como muchas otras personas con discapacidad Julio siempre fue un hombre independiente. “A pesar de las barreras, a pesar de ser excluido por mi condición, hoy lucho por mi inclusión, con mi nueva familia. Vuelvo a empezar. Ellos son mi motor mi esposa Viviana, y mis hijos Maximiliano (9), Brenda (4) y Fiorella (1)”.

Una vez que tuvo sus primeros audífonos Julio dejo de trabajar con su padre y se independizo yendo a trabajar a una tapicería en San Fernando. A los dos años, cuando él ya tenía  20, se decidió a poner su taller de tapicería propio. “Mi sueño más grande sería poder conocer más adelante a mis nietos. Cuando tengan uso de razón. Darles un abrazo, contarles mi historia y pedir perdón por no estar cuando me necesitaron. Ellos sabrán comprender por qué y lo que me tocó vivir en esos tiempos, con mis hijos. Mi otro sueño es seguir adelante, vivir mi vida y ser feliz. Sin ser discriminado, sin ser humillado y sin ser maltratado. Y seguir luchando por mis derechos y los de todas las personas con discapacidad, porque ellos/as son muy vulnerados y sin la Inclusion que merecen no pueden cruzar esa barrera solos, necesitan a alguien que los represente y los empuje a seguir esta lucha por los derechos de igualdad y condiciones”.

Desde hace un año y medio Julio trabaja en el Consejo Municipal para Personas con Discapacidad. Desde allí ayuda y acompaña a otras personas con distintas problemáticas  para orientarlas y asesorarlas en la realización de distintos trámites, siempre en busca de hacer valer sus derechos y que puedan gozar de una mejor calidad de vida. “La vida me enseñó muchas cosas… que hoy agradezco tener presente, porque  me ha servido para fortalecerme y ayudar a otros. Siempre salgo adelante. Soy muy luchador. Todos ven mi progreso pero no vieron mi sacrificio”.

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