Miriam González: “Mis padres fueron mi ejemplo”

Si voy a poner un sueño que tengo… Y es poder construir en Mburucuyá una casa, es el lugar de las raíces de mi esposo. Y ambos soñamos que cuando este jubilado podamos ir, quedarnos un mes allá y otro mes en Maschwitz… ja un sueño compartido.

Sensible, romántica, familiera. Amable y amigable. Ferviente creyente. Su corazón genera tanto amor que entrega un trozo de él a cada uno que pasa por su vida.  Como en una eterna partición de panes, comparte alimentos, ropa y ternura, por igual.

Nació el 24 de agosto de 1960 en San Martin, en el Hospital Diego Thomson. Hija de Nélida Pereyra y Omar Santiago González El matrimonio ya tenía tres hijos: Sara, Omar y Noemí.  “Mi infancia transcurrió allí, en Villa Maipú, donde fui muy feliz. Estudié en la escuela 22 la primaria, y la secundaria en el Colegio Emilio Morello de San Martin.

Su primer trabajo fue a los 15 años, mientras estudiaba Perito Mercantil. “En la empresa Galvamet SRL en Florida, cuyo dueño era mi cuñado, para afirmar más mis estudios tres veces por semana a trabajaba de administrativa, luego el dueño de otro taller metalúrgico quiso que los dos días restantes llevara la contabilidad en su empresa”.  Miriam trabajo también en Hidalgo Hermanos de Munro.

Miriam recuerda su juventud y cuenta: “Bailábamos en clubes de barrio. O en casa de compañeras en los conocidos  asaltos. Tengo  tan lindos recuerdos” (dice sonriente).

A los 18 años, con sus padres, se mudan a Ingeniero Maschwitz. “En este lugar conocí al amor de mi vida, Osmar Blanco. A los 20 años nos casamos. Al poco tiempo nacen nuestras hijas Pamela y Paula, luego Yanina y Santiago. Somos abuelos de Candela de 15 años, Bautista de 10 y León de 5 meses. Nuestros nietos son hijos de Paula”.

Miriam es una mujer esencialmente solidaria. Sensible y sencilla ha llevado un mensaje de amor a cada persona que ha pasado por su vida. “Durante 15 años pastoreamos junto a mi esposo la iglesia Rey de Los Cielos, de la Unión de las Asambleas de Dios en mi barrio. Pero nuestro llamado fue otro, y es trabajar para la gente para la niñez en lo que venimos realizando desde Entidad ArcoIris desde el año 2008 cuando se formó,  junto con vecinos, familiares y amigos”.

Desde hace 6 años trabaja territorialmente en el barrio San Miguel con el Merendero ArcoIris, donde concurren alrededor de 95 niños y madres, con un numeroso equipo de personas que atienden distintas necesidades. Se dictan talleres de dibujo, manualidades, apoyo escolar, la hora del cuento, taller conociendo mis derechos (los derechos de los niños) Hockey, escuela primaria para adultos Hay merienda y una vez por semana comedor. Cuentan con roperos comunitarios, entre otras cosas.

Mi esposo venía de una infancia muy dura, de haber pasado muchas necesidades. Y él me decía cuando recién nos habíamos casado, que le gustaría poder hacer algo para que los chicos no pasaran hambre ni frio. Y eso quedó siempre marcado en mi corazón. Y Dios nos dio la oportunidad de poder acompañar a tantos nenes y madres”.

Miriam pasó a lo largo de su vida buenos y malos momentos. Ella es del tipo de mujeres que ambas cosas la hacen más fuerte. “El peor momento de mi vida, fue la partida de mi hermana Sara, mi hermana mayor, ella cumplió en mí el rol de una segunda madre, me amó incondicionalmente, ella siempre era la persona que me escuchaba, me aconsejaba, me mimaba y me exhortaba. Teníamos un lazo muy fuerte. Ese día lo recuerdo como hoy. Mi alma me dolía. Mi corazón no tenía consuelo. Pero Dios me ayudó a salir adelante…Mi mejor momento en realidad fueron muchos en mi vida, mi niñez, el amor de mis padres de mis hermanos. Mi familia, es algo tan hermoso en mi vida, Y mis niños, mis hijos amados que la vida me regaló a través de La Entidad ArcoIris”.

Su sueño no cumplido es haber estudiado el profesorado de historia y  geografía. “Pero tengo otro sueño y es poder construir en Mburucuyá una casa, es el lugar de las raíces de mi esposo.. Y ambos soñamos que cuando este jubilado 

podamos ir quedarnos un mes allá y otro mes en Maschwitz. Es un sueño compartido (ríe.) Pero igual siempre volvería a Maschwitz.. No me imagino mi vida y la de mi familia fuera de aquí. E es mi lugar en este mundo inmenso. Amo Maschwitz, soy muy feliz en este lugar. Tengo la dicha que mi familia me acompañe en lo que tanto me gusta hacer, como lo es el trabajo social. Fui educada por mis padres con muchos valores de la vida, el respeto, el compromiso, el valor de la palabra, humildad, ellos eran personas que permanentemente ayudaban a personas que necesitaban, y viví viendo las buenas acciones de mis padres. Ellos fueron mis mentores. Mis padres fueron mi ejemplo”.

 

 

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