Eva Broermann: “No me iría de Escobar simplemente por que lo amo”

Amigable y amiguera, supo crear lazos en una ciudad que no le era propia. Las secuelas de un accidente le impiden, prácticamente, moverse de su casa pero el Facebook le permite seguir tendiendo redes hacia una comunidad a la que ama y con los vecinos que no olvida. Su apellido de raíces holandesas quiere decir Hombre- Hermano. Sin lugar a dudas, le ha hecho honor.

 

Por Graciela Zorrilla

Eva nació el 13 de mayo de 1942 en Capital Federal, “circunstancialmente”, luego vivió en Naposta. “Queda en el mapa (rie). Hay que buscarlo (dice sonriendo) esta al pie de la Sierra de la Ventana. Ahí viví un poco más de 8 años. Ahí fui a una escuela  que más que una escuela rural era un vagón de tren. Después, mis viejos se separaron, yo terminé pupila en una escuela de monjas, después pase a otra y fui rodando de un lado a otro hasta que en el 59 me hicieron un paquetito con moñito  y me mandaron con mi abuelo paterno a Alemania”.

Su padre era Helmut Broermann, ingeniero civil, y su madre Ilse Schulz, ama de casa. “Mi abuelo materno fue un personaje importante en la Argentina. Fue co-fundador y director del Instituto Geográfico Militar, hizo el primer cruce en globo del Río de la Plata, tradujo obras en alemán. Era tan genio que yo jamás en la vida he recibido un beso de el”.

Eva volvió a la Argentina con su madre y su hermana en el 63, pero inmediatamente se independizó.  “En realidad quería volver a Naposta, lugar donde pase la mejor época de mi vida, pero finalmente paré en el Hospital Alemán. No tenia ningún ingreso por lo tanto tampoco vivienda. Era una época fulera,  estaba Alsogaray. Jamás voy a olvidar las colas y colas que hacíamos para buscar trabajo. Por ahí quedabas pre seleccionada pero no faltaban los señores que te pedían una ultima entrevista en sus departamentos…Todavía deben estar esperando- (dice sonriendo). Yo había estudiado enfermería pero acá no me aceptaron el título. Para hacer la revalida, en esa época, la Cruz Roja te metía durante 3 años en la ambulancia, te mandaba a las villas, donde nadie quería ir,  y después te daba el titulo (ríe).  Por supuesto no te pagaban un peso. No lo hice y terminé como ayudante de enfermería en el hospital. Por esas vueltas de la vida la “caba” fue quien ayudo a que yo viniera al mundo(vuelve a sonreír).  Eva estuvo, además, en pediatría y en cirugía Mayor

En el año 69, Eva conoce a Carlos Roberto, para “hacerle la gamba” a una compañera del Hospital Alemán y tuvo a su único hijo: Roberto. “… la luz de mi vida”

Desde hace algo más de 20 años vive en Escobar. Fue la segunda habitante del barrio Coprovi. La pre- escritura la hizo directamente a nombre de su hijo. “Era camino de tierra y teníamos garrafas.  Y no teníamos los problemas que tenemos ahora” (vuelve a reír)

Eva trabajó de canillita muchos años. Hacía 48 kilómetros en bicicleta, volvía a casa, atendía a su esposo que estaba postrado en una silla de ruedas, los quehaceres domésticos y luego ingresaba a su segundo trabajo: coordinadora de una remisería, a la noche. Cuando fallece su esposo su hijo comienza a vivir con ella.

Hace 10 años sufrió un accidente. Un camión la arrolló en Avenida San Martin cuando circulaba en su “bici”. “Me hizo pomada. Me cambió la vida. Siempre fui independiente. No sé quedarme quieta. Ahora cada día me siento mas “dependiente de…”, no me puedo movilizar sola, salvo con el bastón.”

Dice no arrepentirse de nada, “Siempre trate de hacer las cosas bien. Viendo cómo me salió mi hijo tan mal no las hice. Porque es un tipo respetado y querido por sus compañeros y la gente que lo conoce… Pero me  hubiera gustado disfrutar un poco mas de mi hermana. Cuando fui a Alemania ya estaba enferma. De la maldita enfermedad (cáncer) hace tres años que falleció. Nos llevábamos ocho años y siempre hubo celos entre nosotras. Ella vivió con ambos padres, yo casi no… Yo a mi padre lo quería muchísimo, a mi mamÁ no pude quererla”.

Aparte de su hijo, sus otros amores son sus plantas y sus 3 perras (dos rotwaillers y una caniche. “siempre tuve perros recogidos de otras familias que no los podían recoger y alguno de la calle. Me gusta vivir acá, amo Escobar. Si bien ya no es lo mismo, porque ya no están muchos de los que estaban, aquí  hay  gente de una calidad humana que pocas veces he visto. La he pasado fulera y con un enfermo terminal y sin embargo mucha gente me ayudaba. Don Pedro Vallier, me esperaba cada sábado con un paquetito de asado.  Yo comía por los vecinos. Alicia Vallier me recibía a la mañana con un yogurt y una figaza con queso y membrillo. La familia Nisero, que tenían la draga, y vivían donde están los trece paraísos en el barrio Los Cuatro Vientos, era un bosque entrar a la casa. El los sábados me esperaba con un mate. .. A veces con las hijas nos chateamos por la computadora. Para mí la “compu” termino siendo mis piernas porque me deja conectarme  con gente que conocía.  Recuerdo a Don Luis Russo, que a veces hacia un alto en la huella, para ir al baño… Son recuerdos  que me quedaran por siempre. Son mi tesoro”. “Mi sueño sería un día, despacito, y si me llevan  en coche, porque no camino bien, hacer de nuevo el recorrido que hacia en bicicleta repartiendo los diarios. Quiero ver a los que aun están”

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