Gustavo Issetta: “Cuando el tiempo es como un río”

Vehemente y reflexivo, ardiente y gélido,fanático y científico.Un hombre culto, inteligente, que se siente ignorante. El Profesor Gustavo Issetta: un ser extraño, una leyenda urbana.

 

Gustavo nació un caluroso 25 de noviembre de 1956, en la calle Asborno 527 de Belen de Escobar, en la cama matrimonial de Julia Cantuarias y Carlos Román Issetta “Me dijeron que, sin quererlo, unos músicos, cantaron en mi ventana, porque estaban entonando canciones y licores con mi abuelo, Julio Cantuarias, El Dr. Horacio Travi y la enfermera de emfermeras, Audelina Zambrano, estuvieron al punto de la encrucijada de ese nacimiento. Afuera, las guitarras, en la vereda de Asborno, ante atónitos transeúntes y las figuras de una pareja que bailaba. Don Julio sonreía y aplaudía, de impecable traje blanco y zapatos al tono” (dice sonriendo).

Su espacio de juego estaba, entre la Plaza San Martín y la esquina de Asborno y Tapia de Cruz. Muchas veces, venía su amigo, Rodolfo a construir imposibles edificios de tierra y piedras. “Después vino la primera bici, fue celeste como las tardes que di vueltas y vueltas la manzana, con una sola ruedita, para aprender definitivamente a andar solo”.

Entre sus compañeros desde la infancia están: Daniel Alfaro, Graciela Blanco, Mirta Castelli, Reinatti, Olivetto, Valenzuela, Lafuente, Pierrastegui, la flaca Lencina, Silvia Martinez, Stella Bianco, Cesar Gonzalez “El tiempo, que es como un río, sigue trayendo a muchos, y a otros los despidió en tardes amarillas y grises, esas que aún tiene Escobar, cuando te quiere hacer acordar un poco lagrimeando, un poco sonriendo”.

Un día se muda a la Calle César Diaz 884, casi Rivadavia. Atrás quedaron las tardes donde la red de altoparlantes de Mario Stigliani, pasaba a RayConif. “Me recuerdo sentadito en el umbral blanco de mi casa –todavía está- y mirando la Plaza. Sentadito, después del baño de la tarde, ya cambiado, para ir a dar una vuelta con mis padres… esa era la imagen de la eternidad, que, siempre pasa y pasa…que no es una roca varias veces milenaria, sino un pasado perpetuo que nos construye durante toda nuestra vida… Allí vi e hizo ronda en el patio con su primera “novia” cuya presencia-ausencia no me dejo por años: Stella Bianco”.

Al mudarse, cambia de colegio y pasa a la Escuela 14.“En esa época era la 38. Allí me encuentro con varios compañeros de la infancia y conozco nuevos como: Ricardo Navarro, Larry, que fue músico y poeta, recientemente desaparecido. Para ese entonces, leía y leía. Mi viejo me había negociado eso de ser lector. Me digo: Si aprendes a leer, te compro un robot”.  En realidad, robot y extraterrestres los venía dibujando en forma casi compulsiva desde el primer grado. Su maestra era Martha Ameghino. Hubo maestras que quisieron estrenar la moderna psicología en los colegios con Gustavito, pero Nelly Seminari, para cerrar el debate cultural y educativo, le puso un muy bien diez, felicitado!

“Hay un hecho que siempre recuerdo. Una maestra pide noticias del diario que sean interesantes para pegar y comentar en el cuaderno. Después de aniquilar a los gritos a quienes traían relatos de asesinatos del diario Crónica, paso yo con un mi cuaderno. Le había llevado una noticia que en una obra en el subte de Capital habían encontrado un caparazón de gliptodonte. Esta sí es una noticia interesante! Bramó la maestra, pero lástima que te la recortó tu mamá. Sentate, mal también! (recuerda entre risas) Y dijo toda una frase: cuando vos vas, yo ya estoy de vuelta! Siempre me acuerdo de eso, y lo menciono como un karma, ante cosas que hago y la gente no me cree” (y se ríe otra vez).

“Después, vino el secundario, en el Colegio San Vicente, y de nuevo al Belgrano, por una travesura con sabor a “los locos 70”: criticamos ciertas cosas de la escuela, sumado a la travesura de correr bancos de otros compañeros”. Terminó el secundario y fue a trabajar al Banco Hipotecario a Capital. Allí vio pasar la historia política de 1975 a 1983. La Plaza de Mayo le enseño tanto historia como imágenes políticas.

Antes de la hiperinflación de 1987, vuelve a Escobar y abre una librería escolar y literaria. ¨Para ese entonces, ya me había casado con Marta Lescano, profesora de literatura, una genio total”Luego a los 3 años justos, se separó. La actividad política lo absorbió. “Fuimos a la elección general con Fernando Valle y ganamos. Ocupé la primera dirección de cultura y junto a él, fundamos la Casa de la Cultura, la primera en Tapia de Cruz y Moreno. Allí en 3 meses, hicimos 400 actos culturales.”

Fue un activo promotor de la historia local y nacional. “Soy un difusor de la historia, de ninguna manera voy a decir que soy historiador. Eso es muy groso. No solo mucho conocimiento, sino muchos libros y congresos, investigaciones. Si dijera que lo soy, estaría usurpando título y honores”

Publicó ya 2 libros: De las Personas y las Cosas y Seres extraños y leyendas urbanas del Partido de Escobar. “Se vienen dos más: Historia del Partido de Escobar. Para terminar con la mitología, los semidioses y los hechos maravillosos, de la historia que venimos leyendo hasta ahora a cargo de los cronistas. Ahora, vamos a leer una historia científica. Y otro libro que se las trae: Detrás de la Historia de Escobar. Algo así como hechos poco conocidos o nunca escuchados”.

Fue director de Cultura,  Director del CBC UBA, Director de Prensa y actualmente se desempeña como Director del Museo Municipal Agustin Campiglia. A pesar de ello y del reconocimiento de los vecinos de Escobar Gustavo afirma: “Me arrepiento de mis “no puedo” y de mis ignorancias. Me arrepiento muchísimo de eso. Estoy desesperado por lo que no sé.”

Gustavo dice que no le quedan sueños por cumplir. “Aprendí que es malo tener muchos sueños. Me interesa más re escribir mi pasado. No hacer proyectos. Aunque si tengo deseos, como seguir viajando, y caminar otros países, como cuando fui solo al Uruguay y sentí que camine conmigo mismo por primera vez. Me gusta Escobar. No hago distinciones de pasado, presente o futuro. Todos vamos con la sumatoria de ese Escobar en la cabeza. Escobar tiene una existencia que se ve más al amanecer. Con sus rojos y grises. Sobre todo si lo ves desde alto. Ahí está el Escobar de siempre…Tuve a mi lado mucha gente muy apasionada. Quizá por ello no me comprendieron. Pero me  gustaría poder llegar a agradecer a todos los que estuvieron a mi lado en toda mi vida. Sin excepciones. Todos los que estuvieron, todos, están”.

 Graciela Zorrilla

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