Mirta Ferrari: “Me quedaron muchas cosas por cumplir”

Recordada por su destacada labor en la Dirección de Acción Social esta garinense agradece a la vida seguir aun trabajando. Mirta Ferrari recuerda una infancia llena de sacrificios y de felicidad.

 

Mirta nació el 20 de agosto de 1953 en San Fernando. Segunda hija del matrimonio de  trabajaba en Obras Sanitarias de San Fernando y   ama de casa- Tiene 2 hermanas. A los dos años llego a Garín. “No había calle. Caminábamos, costeando la vía,  por Colon hasta la que ahora es Rawson. La primaria la hice en la escuela N° 5. Tengo unos recuerdos maravillosos. Éramos muchos chicos.A la mañana temprano nos daban el mate cocido antes de entrar al aula. En el recreo cada grado tenía una cantidad de baldosas para formar un cuadrado donde podía jugar. La señorita Yosida, que venía en bicicletas y alpargatas, se paraba en una de las esquinas del cuadrado, y nos cuidaba para que no nos pasáramos (ríe).Jugábamos al huevo podrido; a saltar las sogas, los elásticos: ellos a las bolitas y a la tapadita y nosotras con figuritas con brillantina”.

A los 12 años fue catequista. “Nos juntábamos en la iglesia con el padre Perna y estudiábamos la Biblia. Después con Liliana Paso y “Chelita”, una vez preparadas, íbamos nosotras a dar catequesis a las escuelas”… No íbamos ni al club. En realidad ni a la esquina sin permiso. Solo a la casa de una amiga. Nos llevaban y nos venían a buscar. Solo chicas. Ahí jugábamos a las muñecas, a hacer comida, al circo, a los títeres. Las madres hacían de público (vuelve a reír). Era la época del Club del clan. Cuando jugábamos a la casita  y estábamos “casadas”, mi marido era Johnny Tedesco (dice a carcajadas) Nos peleábamos por él” (sigue riendo).

A pesar de haber tenido una infancia humilde, Mirta guarda hermosos recuerdos de su niñez y adoración por sus padres. “Tuve mucho amor de mis padres. Mi padre murió muy joven y era muy querido en Garín. Mama murió mucho después y siempre estuvo a nuestro lado. Siempre estuvo para todos, Recuerdo cuando íbamos almidonados a la escuela, la comida calentita cuando llegábamos. En esa época no había pañales descartables y el algodón era para los ricos. Los pañales de tela se lavaban a mano y se colgaban al sol para que se les fuera la mancha. Porque la lavandina también era para los ricos.Juntaba los pedacitos de jabón, los restos, durante todo el mes y después los hervía y hacia un nuevo pan de jabón. Nunca nos hizo faltar nada. Nunca supimos que había miseria”. 

Sepuso de novia con Marcelo Riedel y a los 16 años se casó. Él tenía 19 y era constructor. “Me case por civil y por iglesia. Con un día de diferencia que lógicamente pase en casa de mis padres. De luna de miel nos fuimos dos días a la hostería Caballito Blanco. Solo dos días pero éramos felices igual. A los tres meses quede embarazada. ¡Tres meses llorando porque pensaba que no podía tener hijos! (dice riendo). Mi primera hija fue Verónica, después vino Carlitos, con algunos problemas porque yo había engordado mucho y no es bueno, fue por cesárea y con el Dr. Protta”. A los tres años nació Gabriela. Los tres en la sala de primeros auxilios que estaba donde ahora la Municipalidad. “La enfermera Catalina se sentaba en medio de las parturientas y nos cuidaba de noche.  Mi última hija, Lorena, ya nació en San Isidro”.

No había querido seguir la secundaria y, como otras chicas de la época, empezó a estudiar peluquería y manicuria. “Me fui a la academia EMI, que estaba en las 4 barreras de Virreyes. Cuando me recibí a los 17 empecé a trabaje en Garín y en Virreyes.Yo trabajaba en la peluquería hasta las 12 de la noche, todos los días.  Y mi esposo en la construcción. El dejo de trabajar a los 45 años por cuestiones de salud. Después empecé a trabajar en la fábrica Forma-metal, también 12 horas por día… Tuve un almacén, vendí productos Grundig, tuve una revista, y después entre en la Municipalidad”.

Mirta fue consejera escolar y luego tuvo una destacada labor en su cargo de Directora de Acción Socialy directora de Entidades, y primera directora de Tierras, durante el gobierno de Fernando Valle. Además fue la impulsora de la creación de la comisaria de la Mujer. Suceso que ocurriría finalmente muchos años después. “Yo supe lo que había hecho por la gente cuando me fui de Acción Social. Desde adentro el trabajo es tanto que no te das cuenta. Después la gente te sigue encontrando por la calle y te sigue agradeciendo. La verdad es que nunca me he arrepentido de nada. Volvería  a hacer todo de la misma manera. Porque las cosas se dieron así. Lo que Dios me puso en el camino para bien o para mal las acepte y las volvería a aceptar, si me las vuelve a poner… No me quedaron sueños por cumplir, pero si cosas por hacer. Proyectos para ayudar a la gente. Sobre todo para las mujeres víctimas de violencia familiar, para los abuelos y los chicos”.

Mirta recuerda un Garín  antiguo y simple, con mucha añoranza, pero cree que su ciudad esta moderna y muy avanzada. “Es muy grato poder ver la cantidad de obras que se están haciendo. La UDP, el oftalmológico, el odontológico… Es maravilloso. Y la atención del personal es realmente para destacar. Garín y todo Escobar está creciendo muchísimo. Estoy feliz de poder verlo”.

Mirta tiene 12 nietos. Mariano, Ezequiel, Rodrigo, Franco, Micaela, Alejo, Melina, Agustín, Israel, Octavio, Milagros y Valentina. “Son hermosos, inteligentes. Son geniales.”

Hace 20 años que trabaja en el negocio inmobiliario de la familia. “No me puedo quejar. No me falta nada. Pero hay que seguir trabajando y me encanta hacerlo junto a mi amiga Marta Gioverrano. Siempre estuvimos juntas. Cada vez que se alejó, las cosas me fueron mal… Hay que seguir trabajando. Soy una agradecida de poder hacerlo”.

Graciela Zorrilla

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