Raúl Alomo: “Todavía duele un montón, por los que quedaron”

Con una infancia muy difícil, donde sufrió maltratos y abandono, a Raúl Alomo la vida le depararía otro doloroso golpe: Malvinas.

 

Raúl nació el 1° de enero de 1962, en Escobar. Es el segundo de 6 hijos del matrimonio de Ambrosio Alomo y Rita Belisam. “Vivíamos en calle Italia, al lado de la algodonera. Mi papa trabajaba en la fábrica de plástico de Stone y mi mama era ama de casa. La primaria la hice en la escuela 1, junto a Daniel Tossio, Marcelo Sartal, Claudio Martínez, Víctor, los hermanos Zárate… y jugaba a la pelota con los chicos del barrio San Marcos. Antes habían muchos más potreros”.

Raúl, en el colegio era “un poco vago”, pero en el barrio les hacía “los mandados” a los vecinos. “Siempre me mandaban a buscar kerosene, a veces me daban una monedita o algún caramelo. Una vez, a los 10 años, iba a comprar a lo de Parola, con dos bidoncitos en las manos y a la altura de la pileta de Sportivo me cruzo con un tipo con bandas, cintas de municiones cargada en el pecho. ¡Me pegue un susto! Era Luis Abelardo(ríe)Así lo conocí”.

Raúl pasó una infancia muy difícil. Su madre cansada de los maltratos de su esposo y por temor a perder la vida huyo de la casa. “Mi papa le pegaba mucho. A nosotros también. Después se fue el también y nos quedamos solos. Mi hermana mayor tendría 12 y el más chico, Claudio, 5 años. Mis tías vivían a una cuadra y nos ayudaban un poco con la comida. Nos cuidábamos entre nosotros. Fuimos creciendo y cuando tenía 13 años mi mamá nos vino a buscar. Nos llevó a los 6 con ella a la Chechela. Se había juntado con un hombre maravilloso. Era buenísimo.  Nos crió como un padre. Igual la situación era difícil y había que salir a trabajar.”

Raúl empezó a trabajar de ayudante de albañil y luego hizo trabajos paraPeirano. “Era un tipazo. Era el que le hacia la cancha de tenis a Horacio de la Peña.  Éramos re jovencitos y estábamos siempre con la pala, la tosca y la cal, de acá para allá” (vuelve a reír).

Tenía 19 años, era el 82 y le llego la carta. Su vida cambio para siempre. “Me presente tres veces al distrito Ramos Mejía. La tercera vez me hicieron quedar. Me llevaron al Regimiento 3 de Infantería Mecanizada en La Tablada. Estábamos con la clase 63 enseñándoles en Ezeiza y nos reunieron a todo el regimiento y nos dicen: “Bueno muchachos, hay que ir a Malvinas”. Me fui a Retiro a hacer tiempo. No quería volver a Escobar y decirle a mi mama. Veía por la tele como las madres se desesperaban. No llame siquiera por teléfono. Para no lastimarla. Una vez allá sí. Le mande una carta diciéndole que estaba bien, y le mande unos billetes y monedas de la Isla.”

Raúl estuvo 2 meses en Malvinas. “Pase hambre y tuve miedo. El que dice que no, está mintiendo. Tuve miedo varias veces de no volver. Temimos ser enterrados vivos. Tuve Concejo de Guerra, también. Y cuando volvimos, yo pensé que la gente iba a recibirnos con aplausos, y no. Nos escondieron”… “Llegue para el Día del Padre. Llegue casi desnudo porque me fui sacando la ropa y tirándola por el camino. Cuando llegue a casa mi mama estaba enferma, tirada en la cama (dice con la voz entrecortada por las lágrimas), pego un salto. En la tele estaban enfocando La Tablada  cuando bajaban los soldados. No sabes lo que era. Mis hermanos! (sonríe)Era mucha emoción, mucha alegría y mucha tristeza”. En la isla quedaba su amigo de toda la vida, Jorge Inchauspe.

Pero la vida siempre se empecina en continuar y este morocho (“negrito” según él) enamoradizo, finalmente conoció a Mirta en un baile de Vallier. “Siempre me gusto ir a Vallier por la cumbia. Me gusta hasta el día de hoy. La conocí a Mirta y finalmente nos casamos,  hace 35 años, por civil y por iglesia. La madrina fue Elsita Serrano y el padrino Juan Martin Texeira”.

Paso mucho tiempo hasta que Raúl pudo conseguir un buen trabajo. Mientras jugaba al futbol por plata. Junto a otros muchachos organizaban torneos y los ganadores se repartían el dinero. “Eso nos dio de comer cuando no teníamos plata para nada. A veces me iba todo el fin de semana. Pero  salimos adelante. Mi compañera siempre fue muy luchadora. Después entre a trabajar como jardinero de Plaza de los Ex Combatientes y allí estuve 20 años. Hace poquito me jubile.”

Raúl tiene 7 hijos y 14 nietos que son “su debilidad”. Sufrió pérdida total de la audición de un oído y gran parte del otro. Debiera andar con audífono, pero no lo usa. Desde el 2008, jugando al fútbol, con las Olimpiadas de Malvinas, recorrió todo el país, “Es hermoso, pero nunca me iría de Escobar. Por nada del mundo me iría. Acá estoy cómodo. Estoy bien y sé por dónde ando… Me hubiera gustado jugar al fútbol en primera. Por supuesto en River. Otro sueño no me quedo por cumplir.  Soy muy feliz con mi familia. Mi mujer y mis hijos que me bancaron en todas. Y ahora los nietos (sonríe) Soy muy feliz… Yo a diferencia de algunos muchachos no volvería a la Isla. No tengo nada que hacer allá. No encuentro el motivo. Si fuera, lo haría con mi familia, para que vean todo con sus propios ojos. Pero todavía duele un montón, por los que quedaron.Hay mucha sangre nuestra derramada allá”

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