Oscar Staffa : “Nunca deje para mañana lo que podía hacer hoy”

Hijo de una familia humilde y trabajadora, paso de ser el hijo del peón a uno de los empresarios más destacados de Escobar. Trabajo incansablemente para que sus hijos tuvieran una vida mejor.

 

Por  Graciela Zorrilla

Oscar nació el 16 de enero de 1949 en el barrio El Cazador. Ha solo media cuadra de su actual casa. Su padre, Santos, era inmigrante italiano que repartía verduras en una canoa en el Paraná de las Palmas, su madre, Dominga vivía en la isla. Oscar es el hijo menor del matrimonio que ya tenía dos hijas. “Mama era ama de casa, lavaba para afuera y limpiaba las casas quintas donde mi padre era cuidador. De mi mama creo que herede mi resistencia, mi fuerza, y mi empuje para hacer todo. No aflojar nunca y tener siempre la misma voluntad. A no decirle no a las cosas lo aprendí de mi mama. Era una incansable total. Ella también trabajaba en la quinta de verduras que teníamos en casa. Esto era todo campo y mi papa sembraba papa, batata, maíz… Cuando yo nací aquí en el Cazador eran muy poquitas las casas. Habría solo unas 3. Este barrio se empezó a poblar hace 30 años, o un poco más.

Oscar hizo la primaria en la escuela N° 7 del mismo barrio. En ese momento toda la escuela era solo dos aulas. Primero, segundo y tercero a la tarde y cuarto, quinto y sexto a la mañana. La directora era la Sra. Ardemia de Lali. Oscar fue el primero de los egresados que continuo el secundario y luego la universidad, en la UBA.

Oscar trabaja desde los 8 años. “Vivíamos en una situación muy precaria. En un rancho de paja y barro. Nunca falto comida en casa, tampoco sobraba. Yo quería salir de esa situación y ayudaba a mi padre en las casas quintas. Juntaba hojas con el rastrillo, limpiaba las piletas, y cuando ya era un poquito más grande cortaba el pasto.” Los recuerdos lo hacen reír nuevamente: “La máquina era más pesada que yo”.

Cuando Oscar tenía 9 años, la familia San Ferrini, (propietarios de Sapolan Ferrini) compró una quinta en el lugar.  “Eran totalmente distintos a los otros propietarios que yo conocía(ministros, jueces de la nación…) La importancia que me daban a mí era escasa o nula, Yo era solo el hijo del peón.  Los Ferrini, sin embargo, me invitaban a tomar el té con sus hijos, me llevaban a la Capital, que yo no conocía, y hasta pasear en yate por el Rio de la Plata. Me enseñaron a manejar, a tirar con un arma… me sacaron de todo el estancamiento que yo tenía. Se me abrió el mundo. Siempre con la intención de que me fuera bien y pudiera progresar. Fueron quienes me dieron la oportunidad de estudiar en el Belgrano”.

Debido a la difícil situación económica, sus padres no hubieran podido solventar sus estudios secundarios y además el pequeño tenía que trabajar para ayudar a su familia. Los Ferrini se hicieron cargo de todo porque confiaban en que “el chico daba para mucho más”.

Despierto y sumamente responsable el joven comenzaba el secundario en uno de los colegios más prestigiosos de Escobar.  “A los 13 años tuve la llave del colegio Belgrano. Era el primero en llegar a la mañana temprano. Porque del Cazador salía un colectivo a las siete menos diez, pero yo entraba a las 7 de la mañana. Entonces me tomaba el anterior. Una hora antes. Me habían dado permiso para tomar el de las 7 menos diez pero entonces me perdía de formar y cantar a la bandera y llegaba cuando la clase ya había comenzado. Así que me iba temprano y esperaba en la puerta del colegio. Al poco tiempo y cuando vieron como me desenvolvía me dieron la llave”. (Sonríe)

Para poder asistir al colegio, las materias a contra turno y sus otras tareas Oscar hacia tres viajes en bicicleta ida y vuelta desde El Cazador hasta Belén. La bicicleta, chiquita y vieja se la había prestado uno de los “patrones” del padre, con la condición que le enseñara a andar en bicicleta a su hijo. “A los 12 años los Ferrini, para Papa Noel, me regalan una bicicleta. Era mucho más que si hoy me regalaran un Porche. Ir tres veces a Escobar era una satisfacción” – dice riendo.

Finalmente egreso en el año 1966. Desde entonces conserva en amistad a todos sus compañeros con los que aún se reúne una vez por año. “Somos muy compañeros aun, aunque algunos viven en el exterior. Cuando vienen de visita al país nos juntamos a comer unas pizzas… Cuando cumplimos 25 años de egresados hicimos una fiesta muy grande en mi casa. Nos llevamos una sorpresa muy grande cuando uno de los profesores, “Pipo” Gigena, trajo el antiguo registro del colegio, y paso lista”.

En la Fiesta de la Flor empecé en el año 66, cuando se hacía en el Club Sportivo, porque la primera se hizo en lo de Vinicio Completa. Empecé repartiendo folletos. Quería colaborar, era la gran fiesta de Escobar. En el año 70, Calos Papa era secretario de la FNF y me dice que me necesitaba para atender el sector de las bandas que venían del exterior. Venían 5 o 6 colectivos. Eran la Guardia del Mar, murgas y otras. Había que llevarlas a comer y atenderlas y eran mínimo 200 personas. Siempre con la colaboración de mucha gente. Mi casa era el punto inicial de todo. Había que hacer 500 sandwiches y Chicha cortaba el pan y los armaba junto a mis amigos. Después estuve como vocal en la comisión de la Mutual de la Ciudad Floral. Fue una experiencia muy grata pero fue la única cosa de la que me arrepentí porque me fue muy mal en todo sentido. Lo único bueno fue la inter relación con la gente que no conocía. Económicamente me fue recontra mal. Cuando la Mutual cae en quiebra y toda la gente es inhibida temí por mi trabajo en la empresa de transporte. Si a mí me llegaban a inhibir… gracias a Dios no paso, pero mi parte de plata fue puesta. Cuando termine de pagar me tire en el parque de casa mirando el cielo y le agradecí a Dios porque había podido salir.

Seguí trabajando en la Fiesta de la Flor desde afuera y en el año 92 el entonces intendente me puso en la Comisión. Yo no quería, porque ya estaba como presidente del Cudec y en la agrupación gaucha La Collera. Termine aceptando porque estaba con la mejor gente. Hisaki, me quería de secretario pero yo no podía con todo y termine de vocal. Pero a los dos  ya era el Vicepresidente y lo fui por 18 años. Después continúe con “Techa” Hirose.

La parte de eventos de la Fiesta siempre fue de Oscar Staffa. Estaba en la calle y era el responsable. Ala vez continuaba trabajando denodadamente en las otras instituciones y jamás descuido su empresa de transporte.

“Siempre tuve suerte porque mucha gente me ayudo. Mis amigos de La Collera colaboraban siempre. Porque en la Fiesta de la Flor no había mucha gente para ayudar. Cuando a la fiesta le fue bien económicamente todos se peleaban para estar pero cuando empezó a andar mal la gente disparaba. Una vez Doris Mandola me dijo: Gracias a la gente que trajiste para colaborar la fiesta pudo seguir hacia adelante. Hace 3 años, que por un problema de salud tuve que alejarme. Si al presidente le pasaba algo tenía que encargarme yo y no estaba en condiciones. No podía engañar a toda la gente que seguía en la comisión por atrás. Igual seguí trabajando en la parte de eventos y con las Reinas Visitantes. La fiesta me ha dado muchas satisfacciones”.

Oscar ha sido presidente en varias instituciones, Vice en otras y encargado y responsable en todas. Sin embargo siempre con perfil bajo: “Porque no me gusta figurar.”

A los 34 años, fue presidente del Centro Urbanístico El Cazador (CUDEC) y siguió en su cargo por 18 años. En su gestión se realizó el Destacamento Policial, del cual su madre era la madrina, y las oficinas de la entrada al barrio donde hoy funciona la delegación municipal (UGC 3). Fue tentado por distintas personalidades de la política local para ser candidato a Intendente, pero nunca acepto.

A su esposa, “Chicha” la conoció cuando ella tenía 14 años y el 19. Hace aproximadamente 50 años que están juntos y sin lugar a dudas, en esta pelea constante para salir adelante y progresar fue la encargada de “aguantar los trapos.” Deje algunas chicas que andaban por ahí, y me quede con ella. Era muy linda. Es muy linda. Y me costó trabajo poderla conseguir. La conocí una noche de carnaval en la calle Rivadavia y la invite a bailar al Boca del Tigre y ella fue con sus padres. Así empezamos a “hablar”.  La madre me dijo de entrada “acá a calentar silla no viene nadie. Igual estuvimos 9 años de novios”.

Oscar tuvo una infancia difícil, con mucho trabajo y sacrificio, pero con mucho amor. Tuvo poco tiempo para jugar y hasta de muchacho, cuando sus compañeros iban a Kabuki, El Ciervo o Boca del Tigre, él debía trabajar. “A los 12 años fui a trabajar de mozo en la pizzería la Real que era de mi cuñado, Rangone. Todos los días hasta las 3, 4 o 5 de la mañana. Después tenía que ir al colegio. A los 13 años trabajaba a veces en la Florería de mi cuñado. A los 15  me puse un taller de motos con Eduardo Amerise. Eso lo hice hasta los 19 años junto con el trabajo de mozo. Y ayudaba a mi mama en el invernáculo de flores que teníamos en casa. En una chatita cargaba los sábados a la mañana las flores y las vendía en puestitos de la Ruta 9. Un día compre un colectivo y empecé  atrabajar para la línea 291. Después empecé a comprar otros en sociedad. Todo iba tan bien que a  los cuatro meses tenía 5 colectivos. Pero enseguida entro a Escobar la Línea 176 nos sacaron muchos pasajeros.  Me re contra fundí. Todo lo que había progresado, todo lo que logre sin dormir lo queme ahí. Me quedaron un pantalón y dos camisas.  Tuve que parar la facultad”.

Tenía 22 años y, finalmente, después de mucho luchar para vender los 5 colectivos, Oscar se fue a trabajar a una empresa de transporte que lo había solicitado tiempo atrás. Lo único que le pidió al dueño era que lo esperara una semana porque quería dormir y descansar. Pero eso nunca ocurrió.  “Pude tomarme esa semana después de 10 años de trabajar” – dice riendo. Termino siendo el gerente general. Hoy tiene su propia empresa.

“Tuve muchos problemas en la vida. Nunca fue fácil. Para nada. En mi trabajo, el transporte de camiones, no es fácil porque hay que dedicarle mucho tiempo y tener mucha cintura. Aprendí a tener experiencia. Es una actividad donde hay riesgos por todos lados. Siempre estuve al límite. Caminando toda mi vida por una cornisa. Siempre tratando de ayudar y defendiendo lo que es nuestro. Pero no puedo descartar que he tenido a mi lado siempre gente que me ayudo. Y así llegué”.

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