Rodolfo Giménez: “Me gusta la vida con sus pequeñas cosas”

Estudioso y comprometido con cada tarea que realiza, pasó gran parte de su vida capacitándose en diferentes áreas. Jugo 18 años al hockey sobre césped y disfruta de las pequeñas cosas, entre recuerdos de vecinos de Matheu que ya no están.

 

Osvaldo nació el 18 de febrero de 1956. Hijo menor del matrimonio de Rodolfo Osvaldo Giménez y Nélida Agustina Carranza.  Tiene una sola hermana, Norma. “Nací en Florida pero en seguida vine a vivir a la calle Sebastián Portillo, de la ciudad de Matheu. En ese entonces eran unos 200 metros  de viviendas. A las 2 cuadras se cortaba y era todo campo.”

Cuando Osvaldo tenía un año, su padre, que era mecánico de tren eléctrico en León Suarez,  fallece. Su mama era ama de casa y debió  comenzar a trabajar junto a una modista de la zona, Beatriz Anriquez, y también fue portera de la escuela N° 5 de Garín, para hacer frente a la crianza de sus hijos.  “Mamá siempre fue muy luchadora. Había venido muy joven desde Santiago del  Estero junto a mis abuelos, tíos y sobrinos. Vivian a la vuelta de mi casa y nos ayudaron mucho  cuando nos quedamos solos. La madre de mi papa, también.”

Osvaldo era un chico inquieto. Le gustaba jugar a la pelota yexplorar el mundo. “Mi infancia fue la mejor de las épocas. No es porque ahora este grande sino que en esa época prevalecía la inocencia. Yo tenía 10 años cuando me entere que los Reyes… Me gustaba mucho el futbol. Jugábamos en la canchita frente a la casa del viejo “Chirico”. Se terminaba la calle Portillo y todo el baldío era para nosotros. En esa cuadra estaba Don Correa “7 hachazos”, la señora Negra y otros vecinos que siempre nos cuidaban. Cuando se hacía la tardecita se escuchaba la voz de mi vieja, desde mi casa, gritando: Osvaldoooo, y dejaba todo y salía corriendo para casa. Las veces que no le hacía caso me esperaba una varita para darme en las piernas” (ríe). Era un “correctivo”. Igual éramos muy sanos. Salíamos a cazar pajaritos. Una vez le di a uno y no me gusto nada. No lo hice más. Por ahí los acompañaba a los muchachos pero yo no cazaba”“La única cuadra larga era Saavedra.  A mí me encantaba explorar el mundo. Así que me metía con la bicicleta hasta donde podía llegar”.

Hizo el jardín de infantes en la parroquia San Juan Bautista. Como tantos otros chicos de Matheu hizo la primaria en la escuela N°6. Entre sus compañeros recuerda a Rubén Rougier, Susana Cogno, Liliana Zapata, Jorge Adamo, Ruben Peñalba… “Justamente este año cumplimos los 50 de egresados de la primaria. Es increíble como paso el tiempo”.

Curso 2 años de secundaria en la Escuela Técnica de Escobar y abandono al segundo año. Mucho después retomaría los estudios en la secundaria de adultos Tomas Espora de Liniers, donde se recibió de bachiller a los 29 años. A los 17 empezó a salir con los amigos y conocer boliches de toda la zona. “Por supuesto el famoso Kabuki en Escobar pero también, con un amigo que tenía coche, entre todos le poníamos nafta y salíamos a conocer boliches de Baradero, San Pedro, San Nicolás, Pergamino, Campana, Zarate, Areco, Pilar, Capital… lo que pintara. No parábamos. Me acuerdo mi pobre vieja que siempre me decía: No te olvides del pullover”. (vuelve a reír). Osvaldo asegura que no era enamoradizo ni aventurero y le gustaba divertirse, quizá por ello su primera novia oficial la tuvo a los 26.

Pero como era una época donde había que “estudiar o trabajar”. A los 17 años comenzó como peón de albañil en una fábrica de tinturas  de Villa Rosa. “En el fondo había un galpón y yo tuve que hacer el contra piso. Luego entre a trabajar a Ruta 25 y Mansilla, donde ahora hay una farmacia, entonces había un alemán que hacia jaulas para pollos bebe, de madera, y más tarde empecé a trabajar con una familia japonesa, los Foruyo,  en floricultura. Allí estuve 3 años”.

Tiempo después consiguió un trabajo más estable trabajando en Ferrarito, ferretería de Tapia de Cruz, a media cuadra de Colon, donde estuvo algunos años, y luego entro al ferrocarril. “Como mi padre.  Solo que estaba en Retiro y en la parte mecánica”.

Osvaldo se casa a los 35 años con Marcela, la madre de su hijo Federico. Pero en el año 2004 se separa. Desde hace 8 años tiene una relación estable con Mari Andrés, de la ciudad de Garín. “Por ahora cada uno vive en su casa pero quizá, próximamente juntemos las casas”. (dice riendo).

Osvaldo en una persona que ha estudiado mucho. Realizo distintos cursos de capacitación y eso le ha permitido desempeñar distintas tareas con un destacado nivel. En el año 2001, luego de trabajar como administrativo en la UOCRA (Pilar) y de ser convocado por Miguel Satriano para dar clases de fiscalización en elecciones, ingresa a la Municipalidad de Escobar, donde trabajo en diferentes áreas, hasta el momento. Sin embargo, y sin lugar a dudas, se destacó primero como Tesorero y luego Presidente de la Cooperadora de la Sala de Primeros Auxilios Dr. Canessi.

“Arrancamos en el año 89. Fue una época de oro. Se recaudaba a través de los bonos muchísimo dinero. El bono de cooperadora era de 8 pesos. Seis iban para el médico y los dos restantes quedaban par la cooperadora. Se juntaban 150 mil pesos al año. Venían a atenderse a Matheu gente de Zarate, Campana, Tigre, Vicente López, Pilar, porque había especialidades que no encontraban en otros lados. Pero a los que no tenían plata se los atendía igual. Se equipó absolutamente toda la sala, se construyó el estacionamiento para la ambulancia, y se hicieron en el piso de arriba los dormitorios para los médicos y la cocina. También teníamos una alcancía donde la gente dejaba donaciones”. Fue la primera sala con un equipo odontológico completo y equipo de rayos. “Había un gran equipo de personas trabajando todos por la comunidad”.

Presidio en el 2005 la creación del Museo de Matheu. “Siempre le agradezco a la gente, a los tradicionales vecinos que confiaron en mí y me entregaban sus reliquias para ser expuestas.  Cuando después se cerró me llamaron para que las entregue nuevamente a sus dueños y por supuesto cumplí con eso. Les voy a estar siempre agradecido”.

Tiene una excelente relación con su hijo, el que a los 20 años y tras la mudanza de su madre, se quedó viviendo solo en la casa familiar. “Es genial le hizo frente a la cosa y se puso la casa al hombro, la arregla, cocina, plancha lava…y tiene su trabajo. Es muy independiente y compartimos cosas, juntos, por ejemplo el fútbol”.

A Osvaldo no le quedan cosas pendientes por hacer y le gusta vivir el momento. “Me gusta la vida, con sus pequeñas cosas. Salir a tomar mate  al lado de un arroyo y aprovechar la naturaleza. Creo que de grande sigo explorando el mundo. Lo que pasa que a cierta edad ya no se puede programar tanto. Por ejemplo 10 años es un tranco muy largo. En estos tiempos hay mucho stress, mucha mala onda, noticias malas, energía rara. Estoy tratando de tomar la vida más relajado”.

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