Alfredo González, cien por ciento Escobarense

Freddy nació para vendedor. Siempre tuvo pasta de comerciante. Con mucha labia y bien vestido supo salir de la pobreza para convertirse en el dueño de la mejor boutique masculina de Escobar.

 

“Freddy” nació el 26 de julio de 1942 en Avenida San Martin y Mermoz, de Escobar. Primer hijo del matrimonio de Alfredo Silvano Gonzales y Andrea Aida Policastro. Tiene dos hermanas. “Mi infancia fue muy pobre. Mi madre hacia todo lo de la casa. Cocinaba con leña, así que para la comida, o para el desayuno, se levantaba temprano y cargaba con leña la cocinita económica. Lavaba a mano, porque no existía el lavarropas. Trabajaba mucho. Cuando yo tenía 3 años nació Beatriz y a mis 10 años, mi otra hermana, Ana María”.

Freddy hizo parte de la primaria en el Colegio Santa María, cuando aún era mixta, pero luego debió continuar en la entonces escuela N°3, hoy escuela 1. “Entonces estaba en la calle Spadaccini y Rivadavia. Don Antonio había prestado esa casa para que funcionara como colegio… Era muy buen alumno”- dice con orgullo mientras recuerda a sus compañeros: “José Cazaniga, Tito De Franco, HéctorStigliani, Raúl Gioia, el “japonés” Okama, Francisco Coll, Norma Martin, Susana Ferraris…Allí termine sexto grado y empecé el secundario en el 55 en el colegio General Belgrano. Allí tenia de compañeros a Analía Sergiani, “Charito Bretal  y casi los mismos varones que en la primaria. El Director era Alberto Ferrari Marín, que también lo tenía de Profesor,  junto a Argentina Harrand de Travi, Beba Acosta, Alfredo Armano, Susana Marengo, y otros”. Freddy hizo el primer año y mitad del segundo del secundario y luego abandono los estudios. “Mi padre era muy recto y me dijo que hacia un sacrificio para que yo estudie pero sino quería tenía que trabajar. “Acá de vago, no” me dijo (sonríe). Así que empecé durante un tiempo en la fábrica de macetas de Completa, en la calle Gelves, después en el aserradero de los hermanos D’Elia, en calle Mitre, pasando la 25 de Mayo”.

A los 16 años Freddy comienza a repartir hielo con Milite, en el frigorífico El Polo Sur. “En ese tiempo le traían las barras de hielo y las tenía en el garaje de la casa, acondicionadas con bolsas de arpillera. Su señora, Beatriz, que era una mujer muy buena, nos preparaba los repartos que los hacíamos en triciclos”…“Era una época donde en Escobar había muchas quintas de flores. Cuando llego la inmigración japonesa muchos se establecieron aquí.Nuestra Fiesta Nacional se da justamente por la cantidad de floricultores que había. Todos los días salían dos camiones de flores y mi padre las llevaba para vender en el mercado de Buenos Aires y cobraba una comisión… El compraba en Grandes Sastrerías Arte, que entonces estaba en Tapia de Cruz y Colon, (luego se instaló en Tapia y Asborno) y le había preguntado al dueño sino necesitaban un muchacho. En cuanto la vacante se dio, me llamaron.  Tenía 17 años y me presente bien vestidito. Empecé como cadete, limpiando los baños y el piso y al año me pasaron a ½ Vendedor”.

Corría el año 70 y en Escobar no había confiterías. Los bailes se hacían en los clubes Sportivo, Independiente, Villa Vallier y Boca del Tigre. Allí en un baile de la primavera, con la orquesta de Jorge Dragone con Argentino Ledesma conoció a Beatriz. “Ella era peluquera. Tampoco había terminado la secundaria, y en ese entonces las chicas seguían corte y confección o peluquería. La saque a bailar un tango. Estuvimos de novios 6 años, con alguna peleíta en el medio. Lo que pasa es que con los muchachos hacíamos el novio hasta las doce y después nos íbamos a bailar a Pilar, Campana o Buenos aires y cuando se enteraban se armaba el lio” (ríe) “Finalmente me case y al año y medio llego Hernán y después vino María Fernanda. Tengo 4 nietos. Dos y dos. Hace poco cumplí 51 años de casado… Mis cuatro nietos me dan satisfacciones. Son muy buenos. Uno llega a una edad  donde uno queda solo porque los hijos se van. Vuelan los pájaros del nido.  Pero después vienen los retoños, que son los nietos y son los que llenan de alegría”.

Cuando regreso del servicio militar, como le habían guardado el puesto regreso a trabajar a la sastrería. Pero al poco tiempo lo llama Enrique Dangelo, uno de los entonces dueños de La Isleña. “Para mi es mi segundo padre.Me traía todos los días al colegio y veníamos hablando. Sabía que yo trabajaba en Arte y un día me dice sino me animo a poner un negocio con él. Yo animar me animaba pero no tenía medios. Lo único que tenía era una motoneta Siambretta. Me dijo que no me hiciera problema que solo tenía que atender el negocio. Le dije que busque una buena ubicación en la parte céntrica y comercial Rivadavia que recién empezaba a ponerse comercial o Tapia de Cruz desde las vías hasta la plaza. Justo enfrente de Arte había en esquina una casa muy vieja de los Casanova y un japonés tenía una tintorería. José Casanova le dijo a Don Enrique que si lograba que el japonés dejara la tintorería podía hacer lo que quisiera con la esquina y después de 4 años le cobraba el alquiler. Enrique le compró una casa al japonés para que se valla y allí en el año 65 pusimos Henry Sport”. (Donde hoy es Beverly Hills) Alfredo no había cumplido aún 23 años y ya tenía su negocio propio. La juventud de entonces lo acompaño y fue el mejor negocio de ropa de hombre en Escobar.

Según Freddy la “explosión” comercial y urbana en Escobar vino a partir de la Fiesta de la Flor. “La primera se hizo en el 64, en el Club Sportivo. La segunda y la tercera en la parte nueva de la fábrica de Completa y estando Ferrari Marín de intendente se hicieron los pabellones que están ahora en el CEF y se les cedió a la Fiesta. Después la Comisión compra el predio de la calle Gelves. En el año 60 Escobar no era conocida. Acá entraba el Chevallier y la línea 4 que era de la 60. Aunque se viajaba mucho en trenes, porque andaban. Pero Escobar se conoció por la Fiesta”.

Hace 15 años atrás su amigo Jorge Paredes le comenta que había empezado a estudiar canto con Gisella Sureda y lo invita a que el también valla. Al principio le dio vergüenza pero después se animó. “Empecé a estudiar con ella, después se hacían muestras en Die Engels, en el Girona y armamos el grupo “Por amor al tango”. Cada tanto nos reunimos y hacemos algún espectáculo a beneficio. Pero ojo que subirse al escenario no es fácil. Con ese fierrito ahí más de una vez se me olvido una letra. Pro todos me aconsejaban vos seguí. Y arrancaba con otra parte y seguía”.

Y se nota que en la vida Freddy también siguió. Hoy continua con su comercio de alquiler de trajes para hombres y mientras despunta el vicio de cantar un tango recuerda el Escobar de antes, con las “romerías” que se hacían en la Cosmopolita, con juegos de azar y baile. “Aún esta la misma pista de cuando yo iba a bailar. Me trae tantos recuerdos. Lo único que falta es la baranda de cañas donde de un lado estaban las chicas y del otro los muchachos y las cabeceábamos para sacarlas a bailar”… “Escobar ya no es un pueblo sino una pujante ciudad. Si tengo que hacer honor a la verdad me gusta el Escobar de Antes. Cuando salíamos las noches de verano a la puerta   conversar o tomar mate. Pero no podemos ir contra el progreso”. 

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