Silvia Benítez: “Creo que estudiar nos mantiene jóvenes”

Silvia Benítez fue impulsora de espacios y movimientos populares de cultura dentro de la localidad de Ingeniero Maschwitz. Amante del dibujo, las letras y el teatro, a esta mujer inquieta y andariega le falta aún ser titiritera y paya- médico. Tuvo algunos amores equivocados pero espera encontrar a un compañero de ruta.

 

Silvia nació el 20 de octubre de 1970. Desde siempre vive en calle Güemes y Esquiu, de Ingeniero Maschwitz. Su padre, Felipe Benítez, trabajaba en un astillero en el Paraná de Las Palmas, y su madre, Nora Olivera, era ama de casa. “Mi mama de chicos nos cuidaba mucho- Era como una recicladora, de un pullover te hacia un pantalón. Se la pasaba haciendo cosas y enseñándote. Te preparaba para ama de casa. Mi hermano Daniel planchaba mucho mejor que mi mamá (sonríe) y era fanático de la limpieza”.

Silvia hizo la primaria en la escuela N° 13 de Ingeniero Maschwitz. “Más allá de los ojos de un niño creo que la escuela siempre fue muy grande. Muy linda. Me llamaba la atención un patio, jardín de invierno, estábamos formados para entrar y veíamos las plantas, los plátanos, me gustaba mucho”.

Cuando Silvia tenía 12 años su padre se quebró 3 vertebras. Luego de dos operaciones y por una mala praxis termino internado durante  un año en el Hospital Francés. “Mi mama estuvo todo el tiempo a su lado. Me quede en casa de unos tíos, pero pasaba el tiempo y, por más que me decían que estaba bien, yo quería verlo.  Avise a mis tíos, me fui a la terminal y me tome un Chevallier. El boletero me aconsejo que al bajar solo le pregunte a los del kiosco de diarios o a los del puesto de flores, a la gente no. Cuando llegue a la puerta del francés era toda una manzana pero preguntando llegue a traumatología y allí estaba en un colchón de agua, me vio y se puso a llorar, mi mama también. Ahí decidí ir todos los domingos y me empezó a gustar viajar a Capital”.

Dejo de jugar con las muñecas. Era sumamente tímida y comenzó a dibujar caricaturas. Bajaba su mundo a un papel y armaba historietas sin texto a las que ella les ponía dialogo en voz alta. Hablaba a través de sus personajes.Hizo dos años de secundaria en el Belgrano, pero como se llevaba dos previas le dieron el pase. “Entramos con una amiga al Santa María y la pasamos muy mal. Algunos profesores no nos perdonaban que chicas de barrio, y de familia humilde, vayamos a esa escuela. Hacían mucha diferencia, pero eso también enseña.”

Al año se va a un colegio de Benavidez, luego estudia un año más en el Nacional de Maschwitz y a los 18 entra a la fábrica Mayco, en turnos rotativos. “Porque mis padres me podían comprar unas Topper pero yo quería zapatillas Nike, entonces tenía que trabajar. La fábrica me enseño otro mundo, porque en casa era la nenita de papa y mama y ahí era como una adulta. Yo cumplía en todo porque tenía la cultura de trabajar, como mi padre… Después empecé a estudiar teatro y deje el secundario. Me apasionaba. Estudiaba, salía a hacer trabajo de campo, estuve dos años. Pero me faltaba rendir quinto año, me anime y hable con Eglis Bressán de Blanco y me permitió cursarlo de día. Yo tenía 22 y mis compañeros 17. Era someterme a la pavada total”. (ríe).

Cuando salió de la secundaria hizo el CBC en Ciudad Universitaria y luego ingreso a la UBA donde estudió Psicología, carrera que luego deja “porque le costaba mucho y se dio cuenta que no era para ella”. Milito con la juventud radical. “Cuando sos joven,tenes como un enamoramiento con la política. Son “metejones” que no los va a entender nadie. Y esta´ bueno que te pase”.

A los 30 años, fue primera presidente fundadora de la Biblioteca Luis Golchesky.En el 2001 ingresa a la Municipalidad en Espacios Verdes. Luego paso a Producción y más tarde la nombran Directora del Museo Dr. Legaria. “En dos meses aprendí de Juan Pablo Beliera lo que él tenía previsto enseñarme en 6. Al principio creí que era un castigo y al final me puse la camiseta y me gusto. Solo pedí que fuera un museo “vivo” y que me dejaran hacer encuentros culturales”. Lamentablemente en el año 2006 este espacio se cerró.

En enero del 2002 Silvia fue la mentora y alma mater de “Maschwitz no es igual”. Sin ningún tipo de recursos realizaba un evento artístico, gratuito, todos los domingos en la plaza de su pueblo. “Veníamos de diciembre del 2001. La gente estaba triste, deprimida, entonces me dije: Vamos a poner a Maschwitz de fiesta, cosa que nunca estuvo. Con un amigo empezamos poniendo música e invitamos a la gente y a los artistas de boca en boca. En ese momento no había facebook ni whatsapp y no teníamos plata para fotocopias. Un día le dije a Daniel Córdoba cuanto me salía contratar el sonido a cielo abierto y  me hizo un re precio. Igual no teníamos el dinero y empezamos a vender choripán para recaudar. Me fiaban todo. Que kamikaze. Imagínate sino vendíamos nada” – (dice riendo). Al principio tenía que ir convenciendo a uno por uno, A la gente, a los artistas, al final eso fue creciendo y los domingos la plaza explotaba. Se juntaba el abuelo, el hijo y el nieto escuchando a Marcelo Salvatierra y su conjunto de rock. Porque Maschwitz no es igual, es alegre no es amargo (vuelve a reír)… En el 2003 empezamos con la quema de muñecos en la Fogata de San Juan. Venían chicos de las escuelas y gente de otras instituciones y leíamos historias de otras culturas y religiones y había música. Estaba muy bueno”. 

Su padre murió en el año 97 y su único hermano en el 2006. Durante mucho tiempo estuvo sola con su madre y construyeron una relación muy especial.  “En una época me puse a vender turismo para sacar liberados. Con esa ganancia me pagaba mi pasaje y la invitaba a mi vieja. Trabajaba extras y no las cobraba para tomarme compensatorios. Juntas viajamos por todo el país”.

Finalmente su madre falleció en el 2015. “Mi vieja siempre fue incondicional conmigo. Me apoyaba en todo lo que se me ocurría. Cuando la perdí a ella, perdí esa seguridad… Con mi hermano no pude hacer el duelo porque había que apuntalar a mi vieja. Ahora me tomo mi tiempo. Sé que alguna vez voy a encontrarme con mis seres queridos, mientras tanto resuelvo cosas acá abajo.”

Fue preceptora y actualmente da clases en una escuela del Cri Cri y otra de Lambaré. Esta próxima a recibirse como profesora de Lengua. “Cuesta mucho la carrera y lleva mucho tiempo de inversión. Igual sé que en cuanto termine esto empiezo con otra cosa. Creo que estudiar nos mantiene jóvenes. Estar con jóvenes está muy bueno porque te dan mucha fuerza”.

Silvia permanece soltera y nunca convivio con nadie. “Hubieron grandes amores, pero equivocados. Nunca fui mansita y no soy fácil. Soy muy inquieta y cuesta que me sigan. Además, con los años uno va armando un romance muy importante con la soledad” (sonríe). Es difícil encontrar un compañero de ruta. Sé que por ahí debe haber alguien. Solo nos tendríamos que encontrar”.

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