Noemí Carrano: “Estoy conforme con la vida que Dios me dio”

Profesora de piano y excelente bailarina de tango, Noemi trabajó durante 40 años en Rentas. Diligente y expeditiva, supo ser buena amiga de sus compañeros, sin embargo, el público la recuerda por su voz fuerte y su firmeza en las decisiones. Fue, es y será “La Jefa”.

 

Noemí nació en Escobar el mismo día del cumpleaños de su madre: 25 de julio de 1939. Hija única del matrimonio de Domingo Carrano y Cristina López, la trajo al mundo una partera en la casa de calle Cesar Díaz, a pocas cuadras de donde hoy radica.“Fui a la primaria al Colegio Santa María, en aquella época era tercer y cuarto grado juntos y quinto y sexto grado juntos. Me acuerdo de los compañeros: Roberto Ayala, “Pichin” Ameghino, Roberto y Héctor  Amor, “Beba” Acosta, Teresita Dusi, Beatriz Saracho…  Ahí me quede a hacer la secundaria, en ese momento eran solo mujeres. De las monjas me acuerdo de la Madre María de la Paz,  era una persona muy solidaria. Alfredo le había puesto “la hormiguita viajera” donde la llamabas, siempre estaba para todos. En el hospital siempre presente al lado de los que estaban mal. También la Madre María San Luis y Madre Inmaculada”.

Egreso a los 18 años con titulo Profesional. Tenía corte confección, bordados y entraban todas las materias. “Empecé a ir a bailar al Club Boca del Tigre en la sede de Tapia de Cruz. Obviamente iba con mi mama. Pobre de mí (dice mientras ríe). También iba a Kabuki y al Club Independiente de Pilar. Después cuando me enoje con mi primer novio, estuve muchos años solitaria. Le pedía a Jesús que si tenía que venir un santo que lo mandara y si no me quedaba sola… Los amigos de la época nos cuidaban mucho. Uno de ellos, que era más joven, “Bocha” Casino… En esa época las chicas no tomábamos, no fumábamos, eso sí pintadita siempre y con ropa moderna. Pero si venia tarde de bailar ahí mi papa se quejaba. Había una hora para volver. ¿Pero quién la respetaba? (vuelve a reír).

Entre lecturas de versos de Gustavo Adolfo Becquer, esta romántica y “celosísima” mujer siguió esperando al “santo” que finalmente cayó del cielo, proveniente de Capital,cuando ella tenía 36 años yel tres menos.“A Alfredo lo conocí en “Bartucho”. Trabajaba para su tío como cajero y mozo. La primera cita: (Se interrumpe y ríe a carcajadas) Yo era sub- jefa de Rentas,  y el Jefe nos hacía salir a tomar un café porque trabajábamos hasta tarde. El escucho una conversación que yo tenía con mi amiga: Mañana no voy a trabajar porque me voy a Liniers. (Porque soy devota de San Cayetano). Y entonces me dice: ¿La puedo esperar en la esquina de la Iglesia? Mi amiga dudaba de que el me fuera a esperar pero yo a la iglesia tenía que ir igual. Fui a San Cayetano y allí estaba, esperándome con una revista “Claudia”. 

Noemí trabajaba en una casa de artículos para el hogar, frente donde vivía el diputado Edilfredo Ameghino.  “Un día se cruzó y me pregunto si podía ser fiscal por su partido. Era apolítica, pero le dije que sí. Me prometió que si él llegaba me daría un buen puesto, y cuando fue diputado cumplió. Igual solo me dio un buen empujón. Tuve que rendir todos los exámenes”

Cuando Manuel San Martin era el Jefe de Rentas, dado su estado de salud, Noemí debió empezar a hacer todo el trabajo pesado. Quizás estaba en su herencia genética o cultural, porque su padre había sido Jefe en el Ministerio de Obras Públicas, lo cierto es que Noemí fue “la Jefa” antes de sus 40 años. “Era Jefa y limpiaba lo vidrios. Con mis compañeras hacíamos de todo. No se nos caían los anillos. Éramos solo tres empleadas y no dábamos a vasto, porque se hacía todo a mano. A lo largo del tiempo algunos fueron cambiando pero recuerdo con mucho cariño a Isabel Ponce de León, Elsa Gamarra, Hildo Montanari, Néstor Pérez Membrades, y un montón de chicas que fueron pasando… Era un trabajo bastante desgastante donde a veces la gente te insultaba. He recibido, al igual que mis compañeros, todo tipo de insultos. Hasta un señor de Matheu nos dijo que nos iba a poner una bomba”.

Una vez de novios, mientras todo iba “viento en popa,” Alfredo y Noemí comenzaron a comprar cosas en vista a un próximo casamiento. “Si ahora es difícil, en aquella época lo era más. Empezamos a buscar casa, y como no alquilaban por ningún lado, mi papa me aconseja  venir a vivir a la casa de mi abuela construyendo algo más, adelante. Aquí nos quedamos. Me case en el 76, en la “capilla” de El Cazador”.Esta elección no resulto simple y merece contarla en detalle: “Estuvimos varios meses distanciados porque Alfredo quería casarse por civil y yo por iglesia. A los 6 meses me llamo y me dijo: “nos casamos como quieras, pero en una capilla” (ríe). Nos citamos en una confitería y le dije que por mí me casaba en la calle o en una plaza, pero por iglesia” (vuelve a reír).Alfredo, que entonces no tenía demasiada simpatía por los curas, no acepto bautizarse y debió tramitar un permiso papal. Como si esto fuera poco, estuvo toda la ceremonia de pie negándose a arrodillarse. Finalmente se casaron en septiembre y a los 5 meses ya estaba embarazada.

Noemí no solo estuvo en Rentas Escobar sino que fue Jefa de Rentas en Pilar, unos siete meses. Con su hija Mirian, aun pequeña, debía viajar a la ciudad de La Plata todos los días. “Me iba a las 5 de la mañana y volvía a las 8 de la noche. Las que éramos jefas debíamos viajar todo el tiempo. Igual esto no me impedía asistir a las reuniones de padres del colegio o ayudar a mi hija con los deberes. Mi mama me dio una mano enorme, tuve mucha ayuda de ella. Ella lavaba los pañales, porque en esa época eran de tela, y cuando yo llegaba los planchaba. Mamá me esperaba todas las tardes con el mate. La mama de Alfredo venia todos los domingos a ver a la nena”.

Sin lugar a dudas, junto a Alfredo, su hija Mirian es portadora de su inmenso amor. “Le festejamos los cumpleaños desde que nació hasta los 15. Siempre. En esa época, aunque Mirian es joven, no había peloteros, ni nada. El cumpleaños se hacía en la casa, y Alfredo los animaba. Ella no te invitaba solo a los chicos del grado. Invitaba de otros grados y a los hermanitos”(dice sonriendo). Entre los tristes momentos recuerda la muerte de su abuela materna, la de su padre y la muerte de su mamá. “A los 15 días de jubilarme murió mi mamá. Cuando podía empezara disfrutarla. Pero se fue feliz porque sabía que me había jubilado. Mi mama fue mi mejor amiga. Era súper. Yo le confiaba todo”.

Le encanta viajar y ha recorrido gran parte del pais. Actualmente es secretaria del consultorio de su hija psicopedagoga. Cocina y realiza algunas tareas en su casa, y disfruta a pleno de sus dos nietos. “Esos dos me pueden. Malena y Manuel son una bendición. Igual que Alfredo, Mirian y Martin, mi yerno, que cuida a mi hija a mis nietos y también me cuida a mí. Cuando me opere dela cadera él estuvo siempre ahí. Mi familia es la bendición que tengo. Estoy conforme con la vida que Dios me dio.”

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