Fernando Sureda: “Calculo que no me va a alcanzar toda esta vida”

De niño salvaje a adolescente rebelde. Actor, Director, Profesor y Productor teatral  y “gran bailarín”. Fernando Sureda vivió un poco apurado todo el tiempo pero asegura que aún le quedan muchas cosas por hacer

 

Fernando nació el 29 de enero de 1967. Sus padres Edberto Ulises Sureda y Beatriz Rosaura Velarde,  ya tenían dos hijas, Graciela y Griselda y se habían radicado en Escobar, provenientes de la ciudad de Benavides.“Sé que mi mama me quería poner Bruno y lleno la casa de carteles de “Bienvenido Bruno” pero al final se impuso mi hermana Graciela con el nombre Fernando,, porque así se llamaba un novio que tenía (risas). Al principio ella no estaba muy contenta con mi llegada porque como mis padres eran muy grandes de edad, decía que la gente iba a creer que era hijo de ella (ríe a carcajadas) … Vivíamos en calle Rivadavia 142, cuando aún era de tierra. El asfalto llegaba a Don Bosco y está también estaba asfaltada. Armábamos unas tablas cruzadas con rulemanes, eran unos karting que manejábamos con los pies,  u otro nos llevaba de tiro con la bicicleta.Me crie a dos cuadras de la villa San Marcos. Jugábamos al futbol, al ring raje, tirábamos piedras al tren que pasaba por la cortada de Italia, o arriba de los techos de chapa de las casas a la hora de la siesta, mucha gomera… Había mucho atorrante y mucho delincuente, pero de aquella época.  Yo no era el promotor, pero más de una vez me sume a esto que, obvio, no estaba bien”.

Don “Cacho” Sureda, trabajaba en el Corralón de Mariano Olivera y Beatrizera actriz, maquilladora y peluquera. Cuando el matrimonio se separa, Fernando y Graciela se fueron a vivir con su padre.  De niño algo salvaje paso a adolescente rebelde.“Fui al Jardín de infantes del Santa María porque allí iban mis hermanas y mi papa era de la Comisión de Padres. Fui con Larghi, Bancini, Casanova,  La primaria la hice  hasta tercero en la 14. Después mi viejo estuvo bien de plata y me mando al  Holsters, de los Cardales; con doble escolaridad. Nos íbamos en una camioneta desde la entrada de Escobar con Darrigo, los chicos de Montes, los de Benzaquen, el “mono” Sosa, Fabian Larroca, Sandra Pleininger … pero estaba todo el día fuera de casa y me faltaban los amigos del barrio. Era un colegio alemán. Siempre digo que no hice la colimba porque la hice en la primaria (dice sonriendo). La secundaria la comencé en la vieja Técnica 1. El primer año me fue muy bien peroel segundo no tanto. Como en el colegio Santa María habían habilitado que vayan varones y yo no pasaba de año por las materias técnicas aproveche la movida. Encima éramos 5 varones y un ejército de chicas. Ligábamos si o si (ríe). Fui un poco a arruinar la reputación de los Sureda”.

En aquella época salir a los 15 años, no era muy común. “Empecé a salir de muy chico. Mi viejo ya era grande y yo me le escapaba. En el verano del 85 recorrí la costa argentina conociendo boliches.Cuando volví me fui con mi viejo más de un mes a España, (Ibiza, Barcelona, Girona, Madrid) Allí también recorrí todos los boliches. Mi cuarto estaba lleno de propaganda, posas vasos… Yo era José Boliche. (Vuelve a reír) Cuando regreso me quise ir a Brasil con un amigo. Mi viejo no quería, pero le plantee  que si no me firmaba la autorización me iba  de polizonte en un camión desde Loma Verde.  Bueno me fui 3 meses a Brasil. Mi viejo era grande, no me podía poner muchos límites. Viví un poco apurado en todo sentido”

Volvió porque iba a ser sorteado en “la colimba”, pero salió numero bajo. Estaba por volver a Brasil, donde había dejado una novia, pero un amigo, Juan Carlos Boli, le propone poner un boliche bailable, en un galpón que Sureda padre tenía en la calle Cesar Díaz. “Lo encare de nuevo a mi viejo y le dije que si no me dejaba poner el boliche volvía a Brasil. Ya era mayor de edad.  Fue así como puse “Oxido” en el año 86. A los 19 años ya tenía un boliche y a los 22 años fui padre. Vivía como una estrella de rock” (ríe).

A los 21 años se reencontró con su madre, a la que no veía desde los 11. “El año 89 para mi es inolvidable por muchas cosas. Fue muy intenso: me reencuentro con mi mama, ya enferma de cáncer, murió al año; mi novia, mama de los chicos queda embarazada de Nacho; se abre el teatro Girona, y yo comienzo mi carrera de profesor de teatro”.  

Si bien Fernando hizo teatro desde los 12 años, con su padre, y a los 13 estreno la obra “Los Mirasoles”, y luego vendrían otras, empezó a estudiar en serio en Capital, en lo de AgustínAlesso, con residencias temporales en la casa de su hermana Graciela.

Estando en pareja con Gabriela, en el 89 nace su primer hijo Nacho y en el 90 su hija Lucia. “Ahí me cambio todo. Yo venía estudiando teatro con otros amigos, empezaba a patear los pasillos de los canales,  pero con la llegada de Nacho me di cuenta que había que parar la olla de alguna manera. No podía seguir boludeando… Siempre tuve este mix del empresario y el artista. Casi como mi viejo, con la diferencia que el ganaba guita como empresario y la perdía con el teatro. Yo del teatro hice mi profesión”.

Fernando además de ser actor, director y profesor de teatro en su escuela, siempre tuvo su lado empresarial. Entre otras cosas se dedica a los negocios inmobiliarios. “Supe tener un teatro en la calle Corrientes, fui productor, labure mucho como actor y gane guita.Tengo una mirada comercial del teatro. Tengo emprendimientos cuya base es artística pero son negocios. Pude integrar el corazón y el bolsillo” (dice sonriendo).

Fernando desde el año 2008 tiene un emprendimiento que se llama “Lúdica”, una ONG que trabaja en gestión asociada con el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en el Programa de Adolescencia. Un equipo de profesores de teatro y trabajadores sociales, bajo su dirección. “No soy del Pro ni de Unidad Ciudadana, yo soy Sureda. No tengo que ponerme ninguna camiseta. Es un trabajo artístico-social que da clases y apoyo a los chicos de todas las villas de Capital Federal. Este proyecto le da oportunidades a un montón de pibes y además genera puestos de laburo”.

Fernando está lleno de proyectos y de ganas, pero no se sube a la locura o la vorágine porque su proyecto permanente es disfrutar cada día; como actor, como director, productor, profesor, como hombre.  “Yo tengo un padre que se murió con proyectos en carpeta. Y esa fue la mejor herencia que me dejo. Calculo que no me va a alcanzar toda esta vida para hacer todo lo que quiero hacer”.

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