Daniel Gigena: “Siempre fui un tipo afortunado”

Arquitecto y empresario de la gráfica, Daniel Gigena hace 30 años que dejó Escobar y se mudó a Capital para formar una familia, que hoy es su mayor orgullo. Maniático del cine, la música y la literatura, ama viajar y mantener el vínculo con sus amigos a través de “todas” las redes sociales.

 

Daniel nació el 21 de agosto de 1956 en Escobar. Hijo menor del matrimonio de Luis Leónidas  “Pipo” Gigena y Dora Elsa Messa, tiene una sola hermana, Mirta. Su casa estaba ubicada sobre calle Tapia de Cruz y Rivadavia, (hoy Copel)

Curso la primaria en la escuela N°38 (actualmente escuela 14) de Belén de Escobar. “Yo no sé si tuve la suerte o la desgracia, pero a mí me molestaba bastante, el maestro mío de Primero Inferior fue mi viejo. También lo tuve en Cuarto grado. Y en mi casa  Y en el colegio le tenía que decir “señor Gigena” y en mi casa le tenía que decir “papa” (ríe). Todo el mundo se pensaba que me la llevaba de arriba, pero era todo lo contrario”. 

La secundaria la hizo en el colegio General Belgrano. Y para su desdicha allí tuvo a su padre de “rector”. Cuando el histórico rector del Belgrano, Ferrari Marín, fue intendente de Escobar, “Pipo” Gigena, que era director,pasó a rector  y Argentina Harrand de Travi la directora del instituto.“Siempre estuve jodido. Estaban los que me tenían bronca porque le tenían bronca a mi viejo, pero mi viejo era un tipo querido generalmente, así que no tuve problemas, pero siempre estaban los que me miraba como diciendo “Este esta acomodado”. Cuando Ferrari volvió al colegio, mi viejo paso a la tarde y eso me soluciono bastante la historia”.

En el único lugar que Daniel se libero fue en la facultad. “Ahí no tenía ningún Gigena directivo” (vuelve a reír).

Es socio vitalicio del Club Sportivo. Su abuelo, el querido y recordado José “Yepe” Messa, era presidente del club  y esto le permitió, entre otros “beneficios”, entrar gratis a Kabuki, ya que el club le alquilaba a Magnarelli el edificio. “Generalmente los vitalicios eran todos viejos, pero yo tuve el carnet de socio vitalicio desde que nací, por mi abuelo. Mi abuelo era un tipo cayado, pero lo quería todo el mundo. Lo que yo le pedía me lo daba. A la abuela Virginia la veía todos los días porque vivía a la vuelta, por Rivadavia y los patios se comunicaban. Mi otra abuela, vivía en Campana y a mi abuelo paterno no lo conocí porque murió cuando mi papa era chico.” 

Elsa, su madre, fue directora de la escuela N° 4 y N° 2. En esta última también daba clase por la noche, en la escuela de adultos. Sin embargo esto tampoco resultaba una ventaja al momento de lecciones o exámenes. “Yo siempre me las arreglaba solo. Muy rara vez pedía ayuda  y mi viejo me decía: “Ahí tenes la biblioteca. Mira todos los libros que hay. Busca”. 

Y así debe haber comenzado su amor por la lectura. Daniel tiene infinidad de libros, películas y cd de música en la baulera de su casa y asegura: “Ya no tengo lugar físico para más.Encima ahora con la computadora y el libro electrónico, ya tenes todo. Igual yo prefiero el libro de papel…Ahora hace dos años que leo muy poco porque yo lo hacía durante una hora camino al trabajo en el subte o colectivo y una hora a la vuelta. Después en mi casa nunca leí”.

Daniel hizo unos pocos  pasos en la política local pero fueron rápidos y contundentes. “Mi acceso a la política fue algo muy raro. Soy amigo de Daniel Alfaro y en aquel entonces el hacía guardia de noche en la farmacia y yo que vivía a la vuelta lo iba a acompañar.  Hablábamos de política y a los dos nos gustaba Alfonsín, y dijimos: “Vamos al comité y vamos a pintar paredes… y fuimos. En un año él era el candidato a concejal y yo el secretario del Partido. Ganamos la interna junto a Venancio Giordano. En aquella época me habían ofrecido irme a vivir a Australia. No acepte. Pensé que con la llegada de Alfonsín iban a cambiar las cosas en el país e íbamos a salir adelante. Todavía sigo esperando”.

Daniel, que es arquitecto, hubiera tenido una importante clientela en Escobar donde todos lo conocían y estimaban. Sin embargo siguiendo a su corazón, luego de dos años de noviazgo decidió mudarse a la Ciudad de Buenos Aires.

“Con Patricia nos conocimos durante un curso. Ella también es arquitecta. Si bien al principio estuvo la idea de vivir en Escobar después entendí que hubiera sido difícil para ella adaptarse. Por la parte profesional muchas veces me arrepentí  de haberme ido. Pero solo en lo profesional. Mi problema fue que cuando decidí, hace 30 años, mudarme a Capital, acá no me conocía nadie ni yo conocía a nadie. Entonces trabajaba en empresas constructoras. Me relacionaba solo con gente que tenía que ver con la arquitectura. Pero solo, en particular, no trabaje mucho”.

Finalmente en el año 92 Daniel decidió dedicarse a la gráfica y obtuvo excelentes resultados económicos. “Tuve una imprenta en Viamonte y Suipacha durante 25 años. Me fue muy bien y deje la arquitectura completamente. Mi socio hace 5 años se fue y me dejo la gráfica. Era mucho trabajo, y hace 2 años la vendí. Tenía entre 25 y 30 empleados, pero gracias a Dios ellos nunca fueron un problema. Jamás tuve una carta documento y a todos sigo teniéndolos como amigos en el face”.

Hoy vive en el límite de los barrios de Flores y Caballito  pero sigue vigente dentro de la comunidad Escobarense  a través de las redes sociales.

“La relación mía con Escobar empezó de vuelta con el Facebook. Soy un maniático d las redes sociales, Facebook, Instagram y Twiter que es lo que más veo pero donde menos participo. Estoy todo el día mirando. Alguno de esos amigos de face son alumnos que tuve cuando era profesor en la Técnica 1”.

Daniel tiene muchos amigos “de muchos lados distintos”. “A veces me gustaría hacer una fiesta e invitarlos a todos. Los amigos del Club de Pesca, los intelectuales,  “Yo tenía los amigos del colegio, los amigos del barrio, los amigos de amigos … El primer amigo de la infancia es Raúl Stigliani, porque nuestros padres eran amigos, y salíamos a jugar. También jugaba en la calle con Carlitos y Oscar Delgado. En la escuela jugaba a la pelota con Jorge Cargasachi,Luis Laforet y aún sigue mi amistad con Miguel Jobe. Y mi gran amigo era Kity Díaz que murió muy joven. (Dice con voz entrecortada). Su muerte me afecto mucho. Al igual que la muerte de Rodolfo Arizaga, que fue el tipo más brillante que conocí. El músico más importante de la Argentina y vivía en El Cazador. Un tipo de una sabiduría que yo nunca había visto. Esa muerte me dejo sin habla”

A Daniel le encanta viajar y ha podido conocer muchísimos países. Hace un mes regreso de Australia y ya se encuentra proyectando un nuevo viaje. Mientras tanto asiste a un club de barrio, sale de pesca,  mira cine, escucha música, pasa horas en las redes sociales y disfruta de su familia. “Siempre fui un tipo muy afortunado. Siempre logre lo que quise. Me llevo bien con mi mujer y con mis hijas., que  son muy lindas y estoy muy orgulloso de lo que son. No porque sean profesionales sino sobre todo porque son buenas chicas… Prácticamente alcance todas mis metas. Quizá lo que hubiera hecho distinto es no haber estudiado arquitectura.  Aunque me gusta la arquitectura, pero me hubiera encantado ser periodista y tener un programa de radio.”

Quienes conocen a Daniel saben que si se lo propone lo termina cumpliendo.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

A %d blogueros les gusta esto: